DE COALICIÓN NO, DE PESCOZÓN

Cuentan las paredes del Consejo de Ministros que solo la distancia que han de guardar ahora quienes allí se sientan evita que anden a bofetadas entre los dos bandos, porque aquello ya no es un Ejecutivo de coalición sino el «Gobierno de pescozón», un Gabinete que anda a palos no solo por la letra de cada real decreto sino por quién sale después a venderlo en esas extrañas ruedas de prensa a las que no asiste la prensa (no dejamos de innovar) sino el secretario de Estado de Comunicación, un miembro más del Gobierno. Así se las ponen a Kim Jong-un… Comentan las paredes de La Moncloa que ya no sería necesario llevar catering para que los ministros tomen un

 tentempié porque con la ensalada de tortas que se despacha en cada Consejo más de uno y de una van bien comidos. Y claro está, luego el paripé, la escenificación de que aquello es una piña, que todos van a una y que allí dentro no pasa nada más allá de los codazos que se dispensan por el pasillo para ir a la sala de prensa donde no está la prensa con el chunda-chunda del último decreto milagroso que va a salvar a los españoles de esta plaga.

Porque si para anunciar los «decretos milagro» hay codazos, para eso de las ayudas, las subvenciones, los aplazamientos… para dar la cara sobre el aumento diario de los muertos o de los 5.607 ingresados en las UCI, para el papelón de los test falsos o para el de las mascarillas que no llegan o los respiradores que tampoco, para todo eso suelen mandar a la rueda de prensa sin la prensa a los números tres, cuatro o cinco de cada ministerio, que van contestando o no las preguntas que selecciona el secretario de Estado de Comunicación, un subordinado de Sánchez, de entre las remitidas por los medios.

El que nunca falla cuando se trata de ayudas, subvenciones, moratorias y demás decretos para salvar «a la gente» es el vicepresidente segundo, que ya hemos perdido la cuenta de las veces que se ha saltado la cuarentena (su mujer sigue infectada) que el Ejecutivo del que él forma parte obliga a guardar a todos los españoles que conviven con contagiados. «Cuarentenas a mí… ¡hombre, por favor, aún hay clases!».

Cada semana aparece Iglesias «con el escudo social», recién llegado de la dacha de Galapagar, a salvar «a los de abajo» con un mitin que no lo mejora el delegado de un instituto en una asamblea durante el recreo. Con estos bueyes debe arar España en su hora más grave.

Álvaro Martínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor