DE LA CLOACA A LA DEPURADORA

Cuando Quim Torra llegó a La Moncloa y vio que Pedro Sánchez estaba solo, lo primero que hizo fue preguntarle por aquel señor tan simpático que en la sede de la Generalitat le hizo una reverencia de las que, como un transportador, marcan los ángulos de un cambio de régimen. «Está con el tema de las cámaras de televisión y la profundidad de los planos, para que la cosa salga en TVE y TV3 como tiene que salir, pero luego le digo que se pase a saludar, que está deseando», le contestó Sánchez.

Con toque de castañuelas y estructura de pasodoble, la figura de Iván Redondo fue anticipada en «Hay un hombre en España», canción de Astrud -«Hay un hombre

 en España que lo hace todo/ (…) Es el que programa el Teatro Real,/ es la máxima autoridad en Derecho Penal/ (…) Es el que te coge los bajos del pantalón,/ era el cura que te dio la primera comunión/ (…) Es el genio visionario que se inventó el Colacao/, es el dueño de Forlasa y es secretario de Estado»- y cuya letra nos puso en situación y sobre aviso.

Aquel hombre de España, que también se encargaba de poner las anchoas dentro de las aceitunas, era un aficionado al lado del reverencial Redondo, a quien debemos la puesta en escena -para la historia- de un encuentro que cualquier persona medianamente sensata y prudente hubiera organizado a escondidas, en un bar de carretera de la España vaciada, pero que gracias a su sentido de Estado y perspectiva documental montó como una cumbre, entre arboledas y salones reservados.

A Pedro Sánchez le vamos a echar las culpas de todo lo que de aquí en adelante pase en España, en el sueldo lleva la penitencia, pero hemos de agradecerle que de la mano de Iván Redondo haya convertido lo que durante décadas fueron las denominadas cloacas del Estado, pobladas de delincuentes, en una planta depuradora. Que La Moncloa huela mal es el precio provisional de su obra reformista.

Jesús Lillo ( ABC )