Se trata de la forma tan chulesca y desvergonzada que emplea un tal Sánchez, uno que hace como de presidente, pero que en realidad es un problema andante, un metepata de tomo y lomo al que le resbala todo excepto mirarse en el espejo y en esto, menos mal para la seguridad del país, al ser espiados los móviles de los altos cargos y las altas cargas por la astuta morería, el presi tenía completa la memoria de su iPhone con selfis de su careto años 40, uf, menos mal.

         Valladolid y Madrid distan 187 km. De modo y manera que el coche blindado de este prócer sin igual, escoltado por motoristas y demás vehículos que abren paso al lumbreras, ya que ni éste ni su séquito pagan combustible ni multa de radares, en poco más de una hora, digamos una hora y veinte minutos, puede entrar el citado pájaro triunfal en Valladolid, meciendo su caja de huesos corrientes como si fuese presa de los efectos alucinógenos de la maría, no obstante, en su caso particular es debido a ese ego narcisiano que lo tiene embelesado, pasado de rosca, amamonado, que se dice aquí en el sur. Pero vayamos al fondo de este asunto que la cosa tiene guasa y cuesta un riñón.

         Para comprender este desgraciado, chulesco y despilfarrador asunto presidencial, un capricho, bien de niñato malcriado bien de chuleta redomado, tenemos primero que concretar cuatro puntos implicados:

         -Moncloa: Residencia oficial del menda.

         -Valladolid: Destino del menda para vaya usted a saber qué.

         -Cuatrovientos (Madrid): Base de su helicóptero oficial.

-Torrejón de Ardoz (Madrid): Aeropuerto de su Falcón oficial.

En esto, para satisfacer el capricho del citado elemento se tienen que dar diez desplazamientos entre coches, avión y helicóptero, cada uno de los cuales, por separado, tiene un coste tasado que pagamos todos, siendo su total el sumatorio de cada una de esas diez facturas.

Veamos la sucesión de desplazamientos de vehículos y naves de cara a satisfacer las ínfulas de este don nadie que, a mayor boato y gasto oficial, a mayor despilfarro del dinero público, menos nadie es:

Uno: El coche blindado y los escoltas parten hacia el aeropuerto de Valladolid a esperar que llegue el señorito para moverlo por Valladolid con mucho sigilo y cuidado, evitando en lo posible abucheos e insultos de los parroquianos del lugar, si lo ven aparecer por algún lado.

Dos: El helicóptero va de Cuatro vientos a Moncloa.

Tres: El helicóptero va de Moncloa a Torrejón.

Cuatro: El helicóptero regresa de Torrejón a su base (Cuatrovientos).

Cinco: El Falcón va de Torrejón a Valladolid (ida).

Seis: El Falcón va de Valladolid a Torrejón (vuelta).

Siete: El helicóptero vuelve desde Cuatrovientos a Torrejón.

Ocho: El helicóptero va de Torrejón a la Moncloa y suelta el paquete.

Nueve: La caravana oficial de coches y motos regresa a Madrid sin el presidente que está en las nubes.

Diez: El helicóptero regresa desde Moncloa a Cuatrovientos.

Éste es Sánchez, Sánchez el despilfarrador de combustible con el gasoil acercándose a los 2,5 €/litro, el que siente su ego herido si no viaja en Falcón, el que cree que pierde su tiempo si viaja por carretera, aunque en su caso se trate del tiempo de los inútiles, ese tiempo que no vale nada: horas, días, semanas, meses y años sin valor alguno en Sánchez, porque nada positivo producen, más, al contrario, todo lo complican y empeoran.

Ojalá se le esté acabando el tiempo a este Sánchez, el tiempo de seguir desgobernando, arruinando la economía del país y dando ministerios a toda esa chusma de independes, podemitas y comunistas.

José R. Barrios ( El Correo de España )