Cuando ‘El País’ y ABC coinciden en sus titulares, la cosa va en serio. Más, tratándose de un asunto fundamental. «El PP dependerá de Vox para gobernar Castilla y León», titulaba el primero. «El PP se aleja de la mayoría absoluta y necesitará a Vox», titulaba el segundo.

Aunque las intenciones eran opuestas. ‘El País’ advertía a los votantes de izquierda que puede venir el lobo de Vox, como en el cuento de Caperucita. ABC advertía a la derecha que necesita estar unida si no quiere perder.

Y la frase del día, la de Isabel Díaz Ayuso: «Prefiero a Ortega Lara que a sus secuestradores». Que son las claves de estas desquiciadas, estúpidas, esquizofrénicas elecciones.

Si echo mano de tan tajantes adjetivos es por no encontrar otros más rotundos. La mayor falacia de cuantas inundan hoy la política española es estigmatizar la alianza con Vox, recién nacido, pero que se admita como lo más natural del mundo tomar como socio a un partido como el comunista, que lleva más de un siglo cometiendo miles de crímenes allí donde alcanza el poder, sin soltarlo.

Por no hablar de la miseria que trae, a no ser que adopte un capitalismo de Estado ausente de toda libertad. A ello se une, en nuestro caso, la alianza con los separatistas, que desean descuartizar España.

Volviendo a las elecciones del domingo y las encuestas, no sé lo que opinan ustedes, pero mi impresión es que puede pasar cualquier cosa, al votarse más en contra que a favor, producto de la frustración y el resentimiento que anidan entre los castellanoleoneses, especialmente de los últimos, al habérseles negado la condición de comunidad autónoma, pese a haber tenido el primer emperador español, Alfonso VII, y concedérsela a Santander o La Rioja. Mientras que Castilla se resiente de que se cercenase su salida al mar.

Y ambas se duelen del olvido que sufren tras haber sido adalides de la Reconquista, pero se colma de prebendas a catalanes y vascos.

Esto tenía que acabar y la estrafalaria votación de la reforma laboral ha sido el detonante de tanta indignación. Los castellanoleoneses han estallado contra una clase política tan incapaz que ni votar siquiera sabe. Cada provincia sale por su lado y pronto lo harán los ayuntamientos, como en la Primera República.

Ahora bien, ¿a quién eligen? ¿Al PSOE, con un récord de mentiras y un sindicato minero condenado por llevarse el dinero de la caja, como sus colegas andaluces?

¿A Ciudadanos, que ha demostrado ser una veleta y busca sólo el poder sin mojarse? ¿A Podemos, cuyos socios le retratan? Lo único cierto es que degeneramos a ojos vista.

Sánchez compra votos con los fondos de Bruselas, como los latifundistas de antaño, y Casado se distancia de Abascal, la mejor forma de perder después de la patentada por el diputado Casero.

Así, cualquiera.

José María Carrascal ( ABC )