DE REOS A MÁRTIRES

La juez Carmen Lamela ha ordenado que ingresen en cuatro prisiones Junqueras y siete consellers; el fiscal ha pedido la detención de Puigdemont y a cuatro de sus hombres huidos a Bruselas. Cantaron Els segadors en las puertas de la Audiencia Nacional y hubo lágrimas de los familiares de los presos. Ahora, como anunció la CUP, empezará el mambo. La consigna es “todos a la calle”. Apenas los furgones salieron se anunciaron caceroladas, sentadas, manifestaciones. Los reos se convertirán en mártires. El nacional-populismo llevará la lucha, de momento pacífica, al corazón de las ciudades. Su discurso es arcaico, narcisista y demagógico. Los separatistas no predicarán en nombre de Marco Aurelio, sino en nombre de Rufián.

Como la religión, el nacionalismo necesita de perseguidos y si es posible de mártires. Ya los tienen. El abogado belga de Puigdemont declara que si detienen a su cliente, lo convertirán en un mártir. (Martirio quiere decir testigo y procede de una palabra latina que significa testimonio). Los padres de la nonata república catalana insisten en afirmar que los tribunales que los juzgan son ilegítimos. Artur Mas habla de abuso del derecho y Joan Tardà comenta: «Somos víctimas de un juicio político. Esta es la hora de los hombres de Estado, no la de los abogados del Estado». Le pregunto a Margarita Robles cómo ve estos alegatos contra la justicia en el día de los autos, en la puerta de las audiencias: “Tengo -contesta- confianza en la justicia. Los jueces españoles siempre han aplicado la ley sin hacer caso a las presiones y lo han hecho de forma independiente con mesura y proporcionalidad”.

Pero ahora la calle y la gente tienen la palabra alrededor de los palacios. En Barcelona cientos de funcionarios cantaban “éste es nuestro Govern legítimo”. En estas horas hemos sentido el amargo sabor de un conflicto que se va enconando y extendiendo: la estelada en el ayuntamiento de Dublín, Ada Colau apoyando al presidente buscado por la justicia…

Es estúpido creer o decir que el pueblo no comete errores. Los comete, y grandes. El nacionalismo catalán supone un extraño trastorno de narcisismo, después de cinco grotescos intentos de independencia. Coroliano, de Shakespeare, rescatado ahora como líder del anti-populismo, dice que, entre la muchedumbre hay uno bueno entre mil . Piensa que el pueblo ama sin motivo y odia si razón. “Hubo muchos hombres a los que el pueblo amó sin saber por qué”. Lo lógico sería que los catalanes que apostaron por la independencia hubieran descubierto ya, roto el embuste verbal de sus dirigentes, el desastre que han organizado; pero los siguen apoyando según las encuestas.

Raúl del Pozo ( El Mundo )