Desde Adolfo Suárez no teníamos en La Moncloa un presidente que despierte en las mujeres semejante revolución de hormonas. «Hot president!», escribían algunas internautas al ver a Pedro Sánchez en la TV americana, con su sonrisa profidén y su inglés de academia cara. «Se parece a Superman», «es el Kennedy español», «demuestra inteligencia, habla muy bien»…, y lo dejo aquí para no abochornarles más. Porque si esto fuese un chiste de Joaquín, el del Betis, pues vale; pero no, no…Es que esto ocurrió de verdad.
Se parece a Superman. Y debe de tener superpoderes, seguramente, lo que pasa es que no los utiliza. Al menos, en la política. Oiga, que igual luego entra en uno de esos W.C. que hay por la calle (las cabinas telefónicas, desaparecieron) y sale con el puño en alto (el izquierdo, por supuesto), la capa roja y la S en el pecho, surcando los cielos. Pero lo que vemos de él es que tiene a España con millones de parados, con millones de familias pobres, con la economía devastada, con los golpistas y delincuentes crecidos, con la juventud enloquecida y con los mayores muertos de miedo. Superman debe llevar los bolsillos del traje llenos de kryptonita.
Hubo un tiempo en que España tenía mandatarios feos, bajitos y con mala leche. Duros como rocas y heterosexuales. Con bigote español y generalmente calvos. No se parecían a Superman ni en lo blanco de los ojos. Pero aquellos mandatarios tenían una virtud principal: creían en Dios. Sabían que por encima de sus cabezas había un Dios Todopoderoso, Omnipotente, al que debían encomendarse cada día para poder lograr el Bien Común de los españoles. Y por eso, antes de ir a su despacho oficial, iban a la iglesia y se arrodillaban delante del Santísimo.
Estos guapitos de cara de ahora, que se pasean como maniquíes por las calles de Nueva York y que son entrevistados en las TVs americanas gracias al dinero de nuestros impuestos (así funciona hoy el marketing político), éstos que lucen sonrisa perfecta y que hablan un inglés de Yale para decir en la lengua de Shakespeare las mismas soplapolleces que cuando hablan en español, éstos supermanes de todo a cien que tienen al pueblo arruinado, temeroso, asqueado y avergonzado, éstos nunca en su vida han entrado en una iglesia. Y casi mejor que no entren, porque harían lo que Irene Montero.
Un día como hoy, por ejemplo, Santiago apóstol, Patrón de España, que se dejó decapitar por defender la Fé Verdadera, un 25 de julio de 1971 (según compruebo en mi archivo), Año Santo Jacobeo, el Generalísimo acudió como todos los años a visitar la catedral compostelana. A pedir a nuestro Santo Patrón que nos ayudase desde el Cielo, que intercediese ante Nuestro Señor.
Porque incluso un Jefe de Estado como él, que gobernaba sin límites políticos y podía mandar en casi todas las cosas terrenales de España, sabía que sin la ayuda de Cristo, sin su amor ni su perdón ni su infinita misericordia, nada en absoluto podía hacer. Sabía que sin Dios no somos nada. Y el Apóstol Santiago siempre fue (y es, y seguirá siendo) un magnífico aliado de los españoles.
Así que ya lo ven…Hemos perdido intercesión de los santos ante Dios Todopoderoso, pero en cambio tenemos a un menda que se parece a Superman. Que ni arregla el paro, ni detiene el golpe separatista, ni adecenta la educación, ni respeta a la oposición, ni mejora la economía.
Pero que sabe pronunciar «environments» y que acelera el ritmo cardíaco de las señoras cuando arquea las cejas. Y que seguramente gane las próximas elecciones y esté en el poder otra temporadita. Le pedimos a Santiago Apóstol que lo impida. Que nos ayude a librarnos de esta casta parasitaria.
Que nos traiga de nuevo dirigentes que crean en Dios y lo demuestren todos los días.
Rafael Nieto ( El Correo de España )