Aun siendo el más corto del año (el que nos fastidia los relojes con calendario a los que hemos de cambiarle la fecha manualmente), con la de días que tiene febrero, no se le ocurre al PP otra cosa que poner las elecciones de Castilla y León el doce más uno.

Me resisto a escribir el número de la mala suerte, que es el que más le gusta al PP. Con la de números que tiene la calle Génova, no pudieron elegir para sede central otro edificio que el que lleva el doce más uno como número de gobierno.

Así le hicieron la moción de censura a Rajoy, ¿no se la van a hacer, si las obras presuntamente pagadas con dinero negro eran en la calle Génova número doce más uno? Dijeron que se iban a cambiar de sede, pero hasta hoy. Será que están buscando un edificio en otra calle, pero siempre en el número doce más uno.

Y ahora Alfonso Fernández Mañueco convoca elecciones para la Junta de Castilla y León precisamente el doce más uno de febrero. Será para que al siguiente día, el 14 de febrero, San Valentín, lo podamos felicitar por los electores enamorados con su poder de mayoría absolut

Y supongo que hasta entonces y durante toda la campaña, como ya lo está en la precampaña, hará furor la metedura de pata de Alberto Garzón sobre las macrogranjas de ganado y la calidad de la carne española, al meterse en la camisas de once varas de un asunto que, en todo caso, pertenece al Ministerio de Agricultura, no al suyo absurdo y absolutamente prescindible de Consumo, que lo que está consumiendo de momento es intención de voto al PSOE en las regiones como Castilla y León donde la ganadería es una fuente de riqueza, de empleo y de fijación de la población a los pueblos frente a la España vaciada.

Garzón defiende la ganadería extensiva frente a las macrogranjas de los animales estabulados ‘hasta completar aforo’. Y contradictoriamente, se le ha ido la mejor: introducir a la dehesa del campo bravo español entre sus argumentos a favor de la ganadería extensiva.

Según manifestaba en ‘Clarín’ de RNE el ganadero de bravo Antonio Bañuelos, presidente de la Unión de Criadores de Lidia (el de ‘los toros del frío’), hay más de 540.000 hectáreas de dehesa ibérica dedicadas al toro bravo, que es más que toda la superficie de Cantabria (532.000 hectáreas), La Rioja (504.000) o Baleares (499.200).

A Garzón se le ha ido defender a la dehesa del campo bravo, medio millón de hectáreas absolutamente ecológicas, que mantienen el equilibrio biológico de otras especies animales y de la vegetación natural, cuyo mantenimiento no cuesta un euro al Estado.

Esta dehesa está en peligro por el afán prohibicionista de la Fiesta como símbolo de España; persecución al toro y al toreo en la que se distinguen los correligionarios de Garzón. Incoherencia se llama la figura.

Cada vez que la ultraizquierda prohíbe los toros en una región o una ciudad, como últimamente en Gijón o en Oviedo, peligra la dehesa de una ganadería de bravo y se está dañando la ecología de nuestros campos más que con las macrogranjas.

Antonio Burgos ( ABC )