No ha salido bien parada Yolanda Díaz de una contrarreforma laboral puramente cosmética y cuyo trámite parlamentario ha puesto de manifiesto su debilidad para negociar apoyos en el Congreso.

Tocada en su demagogia, la vicepresidenta segunda necesita publicitarse como líder de la clase obrera y cabecilla del ‘nuevo espacio’ que pretende habilitar en torno a su figura, y es el salario mínimo la herramienta que ha encontrado para tratar de mantenerse a flote.

Con la recuperación económica atascada, Díaz es consciente de que no es este el mejor momento -para los empresarios nunca lo es- de tocar y maquillar el SMI, variable cuyo incremento apenas admite ya nuevas alzas, por pura lógica del mercado laboral.

La líder de la nueva izquierda no piensa en la patronal, y tampoco en unos trabajadores que pueden resultar perjudicados por su populismo salarial.

Yolanda Díaz solo piensa en cómo sobrevivir a la misma y terca realidad, económica o política, que insiste en ignorar.

ABC