DERECHA O DERECHA DERECHA

Muchos han sido los panfletos en forma de tuit dirigidos a Mariano Rajoy. Se ha dicho de todo de su abulia, de su manía de aniquilar a los adversarios con el estilo del cocodrilo. La ferocidad de las críticas, sin embargo, ha menguado en vísperas del Año Nuevo. En otro tiempo eran trending topic los casos de corrupción de su partido. Ahora lo son, culpas menores; un lapsus -confundió al felicitar el año 2018 con el 2016- y la ortografía de Sangenjo en vez de Sanxenxo que los gallegos puros la han tomado como una agresión.

La crítica de los políticos no ha sido tan benévola. Pedro Sánchez, líder del PSOE, en una carta a los militantes para despedir el año denuncia la incapacidad del presidente del Gobierno para hacer frente a la reivindicación independentista. Le acusa de inmovilismo y esperar la solución de los problemas al paso del tiempo o a la simple casualidad.

Al presidente le acusan también de despolitizar la política en vez de despolitizar la Justicia y ésta sería una invectiva con base. Describen su gobierno como aburrido, asesorado por expertos en sondeos, politólogos, abogados del Estado; esos que han sustituido la persuasión por los datos. Esa forma de gobernar ha coincido con la revuelta de la gente, la política en la calle, en el Centro y en Cataluña, una revuelta frente a la democracia representativa. Rajoy podría contestar “nadie” a la pregunta “¿quién está ahí?” del monstruo. Así contestó Ulises, pero en el caso de Rajoy no ha sido suficiente. Hannah Arendt llamaba a ese tipo de poder ejecutivo “Gobierno de nadie”, la sustitución de la política por la burocracia, en ausencia de gobernantes con discursos que fueran más allá de la contabilidad de la cesta de la compra.

Se han quedado sin discurso incluso cuando hacen las cosas bien. Hemos visto cómo llegó la noticia del restablecimiento de la ley y de la Constitución en Cataluña: un acto intolerable de represión, crueldad policial y miles de heridos. El Gobierno no ha sabido contraatacar a los embustes del populismo nacionalista, con su desprecio a los hechos y su propaganda ingeniosa. Pese al aburrimiento, a la falta de un discurso brillante, el PP sigue en el Gobierno y no ha sido demolido el bloque monárquico.

Mientras todo esto ocurría, la izquierda ha renunciado a parte de sus ideas por el nacionalismo. El aburrimiento agravado con la corrupción seguirá ganando elecciones porque la izquierda no ha ofrecido una alternativa clara y posible ante la “emergencia democrática”. Y si es verdad como dicen Podemos y los separatistas que Ciudadanos está a la derecha del PP, posiblemente la batalla ya no será la del bipartidismo, sino una lucha por el poder entre las dos derechas.

Raúl del Pozo ( El Mundo )