DERECHISTA SIN COMPLEJOS

Una de las tareas más complicadas tras la inesperada irrupción de Vox del pasado domingo ha sido identificar al paisanaje que abarrotó las gradas de Vistalegre. Cuentan las crónicas que había cerca de 10.000 personas en la plaza de toros. Muchos de ellos serían de los 46.238 que le dieron su voto, en toda España, en las generales de 2016, pero es evidente que otros muchos son nuevos seguidores que el partido de Santiago Abascal ha conseguido atraer en los dos últimos años.

Lo estaban adelantando las encuestas, que empiezan a darles resultados similares a los de las últimas europeas. En 2014, su candidato, Alejo Vidal-Quadras, con casi un cuarto de millón de votos, se quedó a unas pocas papeletas de ser eurodiputado. Las próximas elecciones para Vox son, por cierto, las europeas.

El reto político ahora es identificar el potencial votante de Vox, al que se supone representado en el acto del pasado domingo. Hay quien dice que hasta allí, hasta la parada de metro de Vistalegre, en el popular Carabanchel, ya no solo llegaban viajeros desde las líneas 4 y 5, los del barrio de Salamanca. Llegaban también de Usera y de Tetuán, de Villaverde y Vallecas. Sí, hay quien cuenta que el paisanaje ya no era el habitual en estos actos hasta ahora marginales en la política española.

El fenómeno que se resistía a llegar a España ya está aquí. Hay quien quiere distanciarlo de esa moda europea, pero son sus mismos promotores los que necesitan pescar en ese caladero. Porque ¿cómo se denomina a ese partido a la derecha del PP? ¿La derecha de la derecha? ¿La derecha extrema? ¿La ultraderecha? Si no quieres ser “la derechita cobarde” a la que desprecia el líder de Vox, tienes que ocupar el espacio de la derecha a lo bestia, la de Le Pen, la de Salvini, la de Orban… sin complejos, la que ya está presente en 17 de los 28 parlamentos nacionales de la Unión Europea.

Compartir con ellos sus antis -la antiinmigración, el antiislamismo- y desarrollar los propios, -anti-autonomías, anti-antisexismo-.

El reto político ahora, sobre todo para el PP aunque también para Ciudadanos, es identificar al votante que se le puede escapar por ese otro lado, porque a la derecha de la derecha nunca había habido nadie. Y en Génova, aunque pongan cara de póker, les preocupa lo de Vistalegre.

Desde dentro, alguien plantea: “Tan malo es que Casado intente ocupar ese espacio como que no pueda hacerlo”. No es un contrasentido. El problema, no sólo para el PP, es que en España se haya abierto ese espacio.

Rafael Moyano ( El Mundo )