DERECHO A SER LIBRES EN NAVARRA

Pide la canción de Jarcha, símbolo de la Transición, “libertad sin ira”. Rememorando lo que hemos sufrido en Pamplona durante las pasadas fiestas de San Fermín, todavía recientes, es fácil darse cuenta, con temor, de que en Pamplona no existe libertad, y sí mucha ira.

Ira por parte de los radicales abertzales, violentos y amedrentadores, que se creen propietarios de las calles, y que con amenazas, insultos e incluso agresiones, quisieron el pasado 9 de julio impedir que Pablo Casado, entonces candidato a la Presidencia del Partido Popular, y hoy nuestro nuevo presidente, pudiera expresarse libremente en Pamplona. Y quisieron impedir que Pablo, yo misma y otros miembros del PP de Navarra que nos encontrábamos con él aquel día, pudiéramos pasear tranquilamente por las calles de la capital navarra, e incluso que pudiéramos tomarnos un aperitivo para disfrutar de las fiestas.

Estar de pie delante de la fachada del Ayuntamiento y ver las caras de odio de quienes nos rodeaban -que eran cientos-, escuchar los insultos, saber que faltó muy poco para que sufriéramos alguna agresión física -que no me cabe duda de que se hubiera producido si nos hubiésemos quedado allí más tiempo-, aguantar que nos lanzaran por encima vasos de bebida… son cosas que hacía mucho tiempo que no se producían en Pamplona.

Desde hace algún tiempo vengo alertando de que la escalada de violencia existente en Navarra es palpable, y de que ha surgido a raíz del dominio que Bildu-Batasuna ejerce en las principales instituciones, en especial el Gobierno regional y el Ayuntamiento de Pamplona. Los violentos se sienten a sus anchas en Navarra, pues quienes gobiernan les amparan, e incluso les alientan con sus silencios cómplices, ya que ni Gobierno ni Ayuntamiento condenaron la vulneración de los derechos fundamentales que ocurrió con la visita de Pablo Casado. Para algunos, la calle es suya, y el Partido Popular no tiene derecho a pisarla. Ya vimos hace tiempo cómo el portavoz parlamentario del partido de la presidenta Uxue Barkos afirmaba, en comisión parlamentaria, que quiere que desaparezca el Partido Popular de Navarra. No es algo nuevo.

Y ante estas afirmaciones, y ante otras similares, los batasunos se sienten libres para arrojar su ira contra nosotros. Tachándonos incluso de provocadores por acudir a la plaza del Ayuntamiento a hacer unas declaraciones mediáticas. ¿Es que hay lugares de Pamplona en los que miembros del Partido Popular pueden estar y otros lugares en los que no?

Esta pregunta, que debería ser retórica y cuya respuesta debería ser un no rotundo, algunos la responden afirmativamente. Sí, para algunos, el PP no tiene derecho a existir en una parte de Pamplona, y en buena parte de Navarra. Los abertzalesejercen un cordón sanitario físico mostrando su totalitarismo contra quienes no piensan como ellos. ETA ya no mata, pero la presión abertzale contra los demócratas sigue igual de fuerte, o más, que antes.

En Pamplona no hay libertad. No hay libertad para decir lo que se piensa, no hay libertad para pasear por donde se quiera. No hay libertad para ejercer nuestros derechos fundamentales. Y ocurre lo mismo en Navarra, ya lo vimos con la brutal agresión a dos guardias civiles y a sus parejas en la localidad de Alsasua. Por pensar diferente, o simplemente por pertenecer a la Guardia Civil, por ejercer una profesión que lo que busca es garantizar la seguridad de todos los españoles, y por tanto de todos los navarros, dos personas y sus parejas fueron pateadas hasta el punto de acabar en el hospital, e incluso con secuelas físicas y psicológicas que aún les duran. Se han tenido que ir de Alsasua, por la presión brutal ejercida contra ellos y sus familias. ¿Es eso libertad? ¿Es eso democracia?

No.

Navarra es una sociedad diversa, rica y plural. En Navarra ha existido la convivencia de civilizaciones, de culturas, de religiones, durante los cientos de años de nuestra historia. Hasta que han llegado quienes ni creen en Navarra, ni creen en sus instituciones, ni creen en su historia, ni creen, sobre todo, en la convivencia. Durante años tuvimos que sufrir la barbarie de ETA, y hoy, quienes siguen sin condenar los asesinatos, secuestros y extorsiones de la banda terrorista, gobiernan en nuestras instituciones, y siguen a pies juntillas la hoja de ruta iniciada por los criminales.

 Amedrentarnos y aterrorizarnos para echarnos de una tierra que es nuestra, una tierra orgullosa de su pasado y de su historia, y orgullosa de pertenecer a ese gran país que es España. Como bien dijo nuestro presidente Pablo Casado en su discurso ante los miles de compromisarios del PP reunidos en Madrid, Navarra no es anexo de nadie, porque la Navarra foral tiene historia suficiente para seguir como está.

Por eso, a pesar de que lo intenten, a pesar de sus amedrentamientos, a pesar de esa violencia que ejercen incluso contra las mujeres -ellos, a quienes tanto se les llena la boca contra las agresiones sexistas, son capaces de arremeter contra las parejas de los guardias civiles, o contra las mujeres del Partido Popular- no van a conseguir sus propósitos. El Partido Popular está en Navarra para quedarse.

Creemos en la libertad para invitar a Pamplona, en San Fermín o fuera de fiestas, a quienes queramos. Creemos en la libertad de poder convocar a la prensa en la plaza del Ayuntamiento, en Alsasua, o donde lo consideremos. Porque tenemos los mismos derechos que los demás, aunque intenten cercenarlos.

Porque estamos hablando de los derechos de todos los navarros, derechos fundamentales que nadie puede vulnerar. Pamplona y Navarra son de todos, se piense como se piense. Eso es tolerancia, eso es convivencia, y eso es democracia. Las tres palabras que ni Bildu-Batasuna, ni los abertzales, ni quienes les amparan y les cobijan en silencios cómplices, son capaces de entender.

Los navarros tenemos derecho a ser libres. Queremos ser libres.

Ana Beltrán Villalba ( El Mundo )