¿ DESAPARECERÁ PODEMOS ?

Un lustro después de la fulminante aparición en escena de los partidos que cambiaron nuestro mapa político, hay señales que invitan a pronosticar su ocaso definitivo. Con la marca en la que se integraba Podemos barrida del Parlamento gallego y muy perjudicada en el País Vasco, se diría que el crepúsculo es inminente para el partido de Iglesias y Montero.

Vistos los resultados de las dos elecciones regionales, se podría predicar poco más o menos lo mismo del otro partido que representó la «nueva política», lema que ya va quedando anacrónico. Pero los que vieron con escepticismo las profecías a que dio lugar el vertiginoso ascenso de los nuevos partidos verán ahora con idéntico escepticismo las que predicen su próxima desaparición.

Los datos del País Vasco y Galicia muestran una volubilidad del electorado como pocas veces se habrá visto. En la región gallega, la marca En Marea obtuvo hace cuatro años el 19 por ciento del voto, y se encumbró como segunda fuerza política. El 12 de julio sus dos sucesores sumaron un 4,15 por ciento y ninguno entró en el Parlamento. Cómo pasar de catorce escaños a cero es un misterio igual de interesante que cómo pasar de cero a catorce.

Pero las derrotas, además de quedar siempre huérfanas, no interesan a nadie. Sólo interesan para profetizar nuevos e inmisericordes desastres. En el País Vasco, los de Iglesias no fueron expulsados a las tinieblas exteriores, pero perdieron cinco escaños. De todo lo cual se ha deducido que el partido menor de la coalición que gobierna España está para el arrastre.

Si la impactante aparición de la nueva política obedeció a un estado de ánimo particularmente enojado con las consecuencias de la crisis económica y la corrupción de los viejos partidos, habría que decir que se ha volatilizado.

Pero esta conclusión, como las predicciones que circulan, tiene algunos puntos débiles. La principal flaqueza es que también refleja un estado de ánimo. Ocurre lo contrario de lo que sucedió en la fase de ascenso, cuando Podemos se benefició del dopaje de la euforia, un dopaje generosamente distribuido por los medios, que condujo a predecir grandes y sonadas victorias. Ahora, en la fase de descenso, todo son pulgas.

Y si concurren dos batacazos notables, ya expedimos el certificado de defunción.

Cristina Losada ( Libertad Digital )

viñeta de Linda Galmor