DESATASQUEN LAS CLOACAS

Estamos a merced de una tormenta de mierda. Desde la calle, desde el arco parlamentario, desde los diarios, se exige al partido de la mayoría que desatasque las cloacas. El ajuste de cuentas a una delfina que aspiraba a la presidencia del Gobierno y que se había pasado al bando de los arrepentidos, ha dejado al PP desarbolado. No todo lo que hizo ese partido fue malo. Nos sacó de la quiebra y aunque menguado, mantuvo el Estado del bienestar y la ley en Cataluña. Su descalabro actual habría que clasificarlo en la casilla de crisis actual de los partidos y en la de la propia democracia.

En el mayo de los indignados, los jóvenes airados que gritaban le llaman democracia y no lo es, fueron los profetas de lo que iba a venir después. Los partidos que gobernaron Europa se han hundido o retroceden por el desengaño expresado con virulencia en la calle y en internet. Como pensó Zygmunt Bauman, las redes sociales son una trampa y expresan la desconfianza de los ciudadanos ante unos políticos que no sólo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces.

La democracia no es sólo el gobierno de la mayoría, sino el control del poder entre poderes, la vigilancia ante la corrupción o la deslealtad de los que mandan; aquello que enseñaron los primeros socialistas de Eibar: “Para los cargos públicos hay que elegir a los más honestos y luego vigilarlos como si fueran ladrones”.

El partido que gobierna España se ha enrocado en un economicismo obsesivo, no ha dado respuesta política a la confusión y no ha sabido limpiar las cuadras. Y ahora, como piensa Felipe Alcaraz, ahora más escritor que político, «este país se desmorona por aluminosos ética». En el Congreso de los Diputados unos acusan a otros de tramposos compulsivos, de trileros fiscales.

Son los propios partidos los que se ensucian entre sí. A pesar de la catarsis a la que han sido sometidas las instituciones no hay una alternativa a la actual mayoría, porque no se ve clara o posible una alianza PP-Ciudadanos. Manuel Monereo resume así la situación: “Está claro que el bipartidismo ha terminado”. Se consolidan cuatro espacios políticos en permanente lucha cuando, en la UE, la izquierda está desapareciendo. “En nuestro continente -dice el áulico de Pablo Iglesias– hay que elegir ahora entre dos derechas o entre derechas extremas y extrema derecha”.

No se ve ahora la posibilidad de un turnismo socialdemócrata o de centro izquierda. Hace muchos años que se habla del derrumbe de la izquierda arrastrada por el poscapitalismo populista. El marxismo, que había sido la corriente más poderosa de la izquierda y el motor más sólido desde final del siglo XIX, ha sido eliminado en los parlamentos, con la excepción de podemos en España, en Grecia y en Portugal.

Raúl del Pozo ( El Mundo )