Copio literalmente lo que decía la prensa tras el juicio contra el asesino infrahumano Francisco Javier García Gaztelu, alias “Txapote”:

“La forma de llevar a cabo la ejecución no fue menos «cruel e inhumana» que el secuestro, pues se efectuó en un lugar despoblado, con las manos atadas por un cable eléctrico, propinándole por la espalda dos disparos a muy corta distancia en la cabeza, el segundo de los cuales, con la finalidad de asegurar su resultado, compatible con una posición de la víctima de rodillas, y siendo sujetado por otro de los miembros del comando, le produjo graves heridas».

Blanco fue abandonado a su suerte entre unos matorrales hasta que fue hallado por unos ciudadanos que paseaban por el lugar con sus perros, siendo trasladado a un centro hospitalario donde falleció al día siguiente, el 13 de julio de 1997. Ejecución «alevosa»

El tribunal entiende que la forma de ejecución fue «alevosa», en cuanto que se trata del empleo de un medio que tiende a asegurar el resultado sin riesgo alguno, denotando una «mayor culpabilidad» y una «mayor antijuridicidad». De esta manera, el tribunal continúa en el texto subrayando que «tan vil y cruel» acción denota su objetivo de asegurar la ejecución evitando el riesgo, con «independencia» de que se consiga o no el fin perseguido.

«Es perfectamente imaginable el sufrimiento padecido por la víctima durante el cautiverio, conociendo, como seguramente conocía, el breve plazo dado para su ejecución, y las exigencias absolutamente inasumibles que la organización terrorista había impuesto para su liberación».

A la hora de dictar la sentencia, el tribunal ha tenido en cuenta el «significativo silencio» de los acusados durante el juicio, no sólo acogiéndose a su derecho de no declarar sino adoptando una actitud de «indiferencia y desprecio» hacia su enjuiciamiento, frente a las acusaciones, las víctimas y sus familiares y, en definitiva, hacia la Administración de Justicia en particular y a la sociedad en general.

Esto supone un elemento más de corroboración de su pertenencia a ETA y su participación en los hechos.”

En un acto más de indignidad, falta de decencia política, inmoralidad e injusticia del Gobierno de traidores. Ha acercado a cárceles del País Vasco a un asesino psicópata que no solamente no ha tenido el más mínimo rasgo de arrepentimiento por los asesinatos a Miguel Ángel Blanco, Gregorio Ordóñez, José Luis Caso, José Ignacio Iruretagoyena, Manuel Zamarreño, y Fernando Múgica, al menos, que se sepa. Malditos los que atropelláis la justicia degradándola.

Este individuo maligno, perverso, criminal, no solamente no ha tenido gesto alguno de arrepentimiento, sino que adoptó en cuantos juicios ha comparecido una arrogancia, desprecio a los jueces y altivez insoportable, riéndose de las víctimas.

Yo mismo pude apreciar, en el juicio al que asistí como público, la mirada desafiante que nos dirigió a los allí presentes.

Escuché emocionado el relato del fiscal, del que no he encontrado más que referencias entrecortadas en la prensa de aquel día de autos. Fue estremecedor escuchar los detalles del asesinato a Miguel Angel Blanco, realizado con encarnizamiento y ensañamiento.

Tras dicha descripción de los hechos, los allí presentes, no pudimos contener la natural pulsión de romper a aplaudir las palabras del fiscal, lo que ocasionó la lógica expulsión del juez de los allí presentes, entre los que yo me encontraba.

No entiendo lo que está haciendo Grande-Marlasca, salvo que lo interpretemos como una contraprestación ilegítima a Bildu por sus votos en el Congreso. Es simplemente vomitivo, repugnante.

Pero tampoco me extraña en el devenir de degradación moral inducida por las logias que venimos padeciendo en esta sociedad deshumanizada.

El pasado lunes, casualmente, escuché un programa de tarde de Radio Nacional de España que es la viva muestra de la decadencia espiritual de este País desgraciado, ligada a la actitud anticristiana de las instituciones en general.

Volvía en mi vehículo y puse la radio, y lo que oí me llenó de amargura y asombro. En plena Semana Santa se mofaban del Cristianismo y de las tradiciones religiosas de los españoles con las siguientes palabras “[…] hoy estrenamos el santoral: […] San Gregorio de… uno de los grandes intelectuales de la Iglesia…. Este señor era un católico perfecto… conspiraban contra él para convertirlo en un hereje.

Como era Cuaresma…. Le invitaron a un paté de pichón… porque no le colaron el pescado por el pichón….” Etc, etc. Y sigue la parodia. Pueden ustedes escuchar esta basura en este enlace… https://mediavod-lvlt.rtve.es/resources/TE_STARTAR/mp3/2/3/1617035604432.mp3

La descomposición masónica en la que han convertido a los medios públicos de comunicación es intragable, entre otras cosas porque usted, querido lector, y yo mismo estamos sosteniendo esta propaganda antiespañola y anticatólica. Y de estos barros estos lodos.

No tienen reparo alguno de ofender a quienes creemos en las tradiciones y en la superestructura cognitivo-cultural que forma parte de nuestro ser al margen del credo o religión que profesemos o del agnosticismo que podamos tener cada cual. No es de recibo que se conculque la Constitución, que habla de aconfesionalismo del Estado, que no de laicismo; con esta tipo de subproductos próximos a la hez más pestilente.

En cierta ocasión, con motivo de una sesión en Comisión de las Juntas Generales de Alava, en respuesta a la actitud presuntamente delictiva de un alcalde que yo afeaba en mi intervención, un procurador socialista me replicó que la moral pública no existe, que es atribuible a las personas de forma exclusivamente individual.

No le respondí, porque él mismo quedó retratado con lo dicho. Pero, si ustedes observan la secuencia realidades de estos tiempos nefastos entenderán el por qué de la descomposición en todos los órdenes que estamos viviendo.

Así estamos y con estos mimbres estamos descosiendo la Nación de arriba abajo y de este a oeste.

Ernesto Ladrón de Guevara López de Arbina ( El Correo de España )