DESCRÉDITO

La dejación de funciones de algunos políticos es una de las razones que ha disparado su descrédito y les ha colocado como el segundo problema del país a ojos de los ciudadanos, según el CIS. Las urnas no pasan factura en el momento y eso contribuye a que muchos representantes olviden que se deben al progreso de la nación y a la resolución de problemas.

Parece difícil creer que esta idea tan elemental se convierta en accesoria cuando algunos se convierten en líderes. Pero así es y ahí tenemos a un presidente en funciones que hizo lo posible por no gobernar después de las elecciones de abril. O a su predecesor que permitió la convocatoria de una primera consulta ilegal en Cataluña y fue incapaz de impedir la segunda, solo por citar dos ejemplos.

Uno de los ejes de esa tarea primaria que tienen los políticos es la defensa de la ley. Permitir excepciones a su cumplimiento no solo aumenta el descrédito de los representantes públicos sino que facilita situaciones anárquicas como la que, posiblemente, veremos hoy en el Congreso.

El cruce de brazos de Meritxell Batet ante la esperpéntica constitución de Las Cortes el pasado mes de mayo ratificó que la jura de la Constitución se ha convertido en un circo cíclico en el que los partidos secesionistas compiten por ver quién se atreve a llegar más lejos y hacer el acatamiento más transgresor.

Si uno jura por la libertad de los presos políticos, el otro promete ser fiel al mandato del 1 de octubre, y el de más allá dice acatar la Carta Magna hasta la proclamación de la repúblicana catalana. ¿Que el de abajo se despide en valenciano y el del medio en gallego? Pues el de arriba hace el juramento completo en euskera.

¿Qué más da si el Tribunal Constitucional ha sentenciado que el acatamiento de la Constitución tiene que ser «incondicional y pleno» -sin límites ni contradicciones con la propia Ley de Leyes-? ¿A quién le importa que el Reglamento del Congreso establezca el castellano como único idioma del Salón de Plenos o encomiende a la presidencia el mantenimiento del orden en los debates?

A la vista de los hechos, a Meritxell Batet desde luego que no. No solo toleró todos los abusos que quisieron cometer los independentistas en mayo sino que el pasado viernes dijo que hoy seguirá la misma línea. Defiende sin rubor que aquel despropósito fue compatible con el cumplimiento del Reglamento y la Constitución.

¿Tiene entonces la presidenta super poderes auditivos para escuchar, desde quince metros de distancia, juramentos que el cuerpo de taquígrafos no logró entender sentándose a solo tres metros y con el apoyo de soportes técnicos? ¿Goza también de facultades lingüísticas extraordinarias para poder sentenciar la validez de todos los acatamientos pronunciados en lenguas cooficiales, en el mismo momento, sin consultar con ningún traductor y a pesar de no dominarlas? Un poco de seriedad.

¿Significa todo esto que Batet volverá a tragar hoy con cualquier fórmula de acatamiento que elijan hoy los independentistas? Mucho me temo que sí. No quiere incomodar al secesionismo ni dar problemas a Pedro Sánchez e incurriría en todo ello si denunciara que los diputados republicanos no acatan la Constitución de forma válida ya que no podrían perfeccionar su condición de parlamentarios ni votar en la investidura.

Si los líderes políticos continúan actuando con discrecionalidad partidista, una y otra vez, no descarten que en lugar de ser percibidos como el segundo problema del país acaben empatando con el paro como el primero.

Ana I. Sánchez ( ABC )