Ya septuagenaria, pero dueña de una curiosidad infantil que aún impregna de inocencia sus sátiras, Laurie Anderson tiene escrita una canción -«Only An Expert»- en la que reflexiona sobre la naturaleza, el oficio, el riesgo y el vicio de los expertos que trabajan para la Administración.

«Solo un experto puede resolver el problema», repite con sarcasmo Anderson en el estribillo de una pieza que, de oídas, debió de inspirar a Salvador Illa para fabular aquel comité de expertos que nunca existió y cuyo misterio alentó durante varias semanas para disolver su responsabilidad pública y trasladarla al éter de lo desconocido, dimensión que siempre impresiona, y más en una crisis cuyas sombras intimidan al gran público y lo conducen a la trascendencia y a las preguntas sin respuesta.

Era todo mentira, del género piadoso, ligado a la inocencia. Los padres son los Reyes Magos y el comité de expertos de la desescalada lo formaban Illa, Simón y compañía. Tras la hibernación económica llegó la Navidad sanitaria. Todo muy infantil, como una canción de Laurie Anderson.

Desenmascarado por el Defensor del Pueblo, que forzó la máquina de la verdad y de la transparencia de un Gobierno opaco y esquivo, el ministro de Sanidad tuvo ayer que reconocer que era él quien decidía el futuro económico de las comunidades autónomas y de sus trabajadores en función de unos criterios que tampoco han sido revelados.

«Como no puede ser de otra manera en un Estado democrático, era el ministro de Sanidad el que decidía quién pasaba de fase», zanja ahora Illa. Como no podía ser otra manera en un Estado democrático, el ministro de Sanidad se inventó un comité de expertos para quitarse de encima una responsabilidad que le va en el sueldo.

«Las presiones que sufre cualquier persona a la que se nombre -llegó a decir Simón- acaban haciendo muy difícil que puedan trabajar con la suficiente libertad». Aquel anonimato no protegía a ningún experto, sino al propio ministro de Sanidad, tapado con mascarilla para no dar la cara y, a la contra de su propio eslogan, quedarse atrás.

Jesús Lillo ( ABC )

viñeta de Linda galmor