En una meritocracia Irene Montero estaría condenada al exilio y ningún país de acogida la emplearía por encima del mocho de la fregona. En España es ministra.

Su macho ocasional le regaló una cartera ministerial tal y como los señores decimonónicos le ponían una mercería a sus queridas para tenerlas entretenidas, para tenerlas distraidas, eternamente agradecidas y permanentemente oferentes.

El macho comunista, que la liberó de pasar el mocho en el exilio convirtiéndola en zarina de su tálamo y le puso una mercería en el Congreso de los Diputados y un circo feminista en el Consejo de Ministros, se fue tras el celo de otras hembras y después, cuando el único hombre que hay en el PPIsabel Díaz Ayuso, le humilló en las urnas, se marchó a vomitar su odio a los predios del separatismo catalán, en los que vegeta lamiéndose las heridas y soñándose Lenin, el muy cretino.

Se le fue el macho rojo que la hizo MAMI, o sea madre y ministra como a su tovarich de la Asamblea de Madrid la hicieron MEMA, médico y madre.

Se marchó dejándola bien colocá y mejor apañá, como bien dicen sus colegas del sindicato del mocho, y al cobijo de Pedro Sánchez, el chulo que pastorea la nómina y las prebendas de Irene Montero para que regurgite esas gilipolleces de oligofrénico fumao con las que nos ameniza la sobremesa y el sopor de los telediarios.

Entre Putin y los subsaharianos corriendo los Sanfermines en Melilla metes en la escaleta una gilipollez de Irene Montero y te queda un telediario de premio Pulitzer. Y en eso estan, todos, que para eso cobran del chulo que pastorea el Consejo de Ministros.

Es el sota, caballo y rey de los telediarios: Putin jodiendo, ucraniano huyendo, negro saltando e Irene Montero pariendo. Tan sencillo como electoralmente eficaz.

¡Cuerpo a tierra y a los refugios!

El chulo de la Moncloa, el macho alfa de la MEMA y de la MAMI le acaba de soltar a Irene Montero 21.000 millones de euros para que multiplique hasta el infinito, y más allá, sus gilipolleces feministas desde el parvulario a la cama nupcial de los españoles sin más destino y sin más futuro que el mocho de la fregona de la que Pablo Iglesias liberó a Irene Montero, poniéndole una mercería en el Congreso de los Diputados, un palacio en Galapagar, tres niños en la cuna y un circo en el Consejo de Ministros.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )

viñeta de Linda Galmor