DESMONTANDO EL VICTIMISMO CATALÁN

Durante estos últimos meses hemos asistido a un espectáculo en Cataluña en el que se ha mezclado lo grotesco y lo dramático, una irresponsabilidad infantil y una prepotencia estúpida con ensoñaciones independentistas y simple negocio a costa de ellas. Con las escasas semanas transcurridas desde los atropellos parlamentarios, nos encontramos que detrás de toda la escenografía independentista sólo había mucho sentimiento instrumentalizado y un vacío político que no deja de sorprenderme. Ahora leemos y oímos que algunos de los dirigentes de esta loca operación se retractan, se echan a un lado, reconocen que no estaban preparados para conseguir sus pretensiones, o simplemente rompen el silencio en el que embozan sus vergüenzas con cursilerías en Twitter.

Todo ha sido de bajo nivel intelectual y hasta desde un punto de vista estético, casposo e indigno de una sociedad avanzada, exceptuando las temibles movilizaciones organizadas. Han resucitado a Franco para tener alguna justificación y lo han hecho quienes no tienen ni idea de lo que supuso la dictadura para quienes la combatieron de verdad. Desde Bruselas Puigdemont, con un interés puramente electoral y sin un gran sacrificio personal, juega al exilio, denigrando a los cientos de miles de españoles que tuvieron que pasar la frontera con Francia por Cataluña huyendo de la represión franquista.

Aquellos sí fueron directamente a vivir una vida llena de privaciones, cuando no fueron directamente a inhumanos campos de internamiento. La lista es muy larga y el anonimato ha impedido que hagamos un justo homenaje, sin utilizarles para nuestras pequeñas y egoístas batallas, a quienes hoy banalizan los independentistas. Aquellos exiliados se merecen una grandeza que supere los partidismos y la mezquindad de la que hoy hacen gala muchos, no sólo los independentistas.

Nicolás Redondo Terreros ( El Mundo )