DESORDEN TOTAL

No se puede empezar una casa por el tejado, so pena de que nos caigan las tejas en la cabeza. Y menos, sin planos, porque sería la casa de tócame Roque. Pero eso es exactamente lo ocurrido con la inmigración a la brava, con todos peleados y el Open Arms a punto de convertirse en psiquiátrico.

Para una África convertida en inmensa herida y un Oriente Medio, en polvorín, una Europa que apura sus últimos años de fiesta semeja un paraíso. Más, cuando la vieja dama tiene penuria demográfica y los que llegan tienen prole de sobra. Lo difícil es coordinarlo. Porque si abres las fronteras de par en par, como hizo Frau Merkel, se te cuela toda África, más el Oriente Medio, y eso no lo resiste no ya Alemania, sino Europa por simple incapacidad territorial y demográfica.

Podría suponerse que los europeos, que descubrieron la democracia, la razón pura y la moderna técnica, le encontrarían solución. Pero eso eran los europeos de antes, los que surcaban océanos, descubrían continentes y fueron a La Luna. Pero los de ahora, en plena decadencia, bastante tenemos con mantener nuestro patrimonio y gozar de él el mayor tiempo posible, pues todo apunta que el futuro será peor que el presente, como el presente es peor que el pasado.

Así que, ante un asunto tan intrincado como las invasiones y los motines a bordo, en vez de afrontarlo conjuntamente, cada cual procura sacar lo que le interesa y echar al vecino lo desagradable. Y por si fueran pocas las diferencias entre naciones y gobiernos, han aparecido los que van por libre, las oeneges, dedicadas a recoger náufragos en alta mar sin tener puerto donde dejarlos.

Hasta ahora, siempre ha surgido alguno, pero las cosas se ponen difíciles, con las mafias que trafican con náufragos como antaño con esclavos cada vez más activas y contar los gobiernos cada vez con menos recursos para atenderlos. Así llegamos a la situación actual, en la que el conflicto es ya entre Italia, España, oeneges e inmigrantes, echándose las culpas unos a otros.

Todo esto empezó con una descolonización africana que produjo estados fallidos y terminó de estropearlo Bush Jr., «el menos inteligente de mis hijos», según su madre, cuando, para quitarse el complejo, junior invadió Irak, que su padre prudentemente había evitado, destruyéndolo, junto a Siria, como Libia luego. Menos mal que no cayó Egipto, porque tendríamos tropas españolas combatiendo en Suez o defendiendo Ceuta y Melilla.

Todo, por haber elegido líderes que ignoran la historia, descubren Mediterráneos y se fían de gurús especialistas en encuestas, cuando las encuestas superan al espejo de la madrastra de Blancanieves, al mostrarte lo que quieres ver.

Para que al final, todo se quede en gritos, gestos, anuncio del envío de un navío español a recoger a los inmigrantes y noticia de última hora de que podrán quedarse en Italia. ¿Es cierto? ¿Es serio? No, como nada en la política espectáculo de nuestros días. Yo me conformaría con que todos los envueltos aprendiesen la lección. Pero lo dudo, como siempre que los niños pretenden ser mayores.

José María Carrascal ( ABC )