DESPRECIO O DESPISTE

Manuel Valls, hombre de probado coraje y lucidez política, acaba de declarar que Alemania debería entregar a Puigdemont a España. Sería la mejor evidencia de que el proyecto de ciudadanía que representa la UE funciona, y de que los alemanes son fieles aliados de nuestro país.

De lo contrario, volvemos a colocar a la Unión Europea en el disparadero de su ruptura, en lugar de avanzar hacia una mayor integración y convergencia, como reclama Macron. Hoy toca citar a franceses y recordar la sentencia de Mitterrand: «¡El nacionalismo es la guerra!». Y en esa batalla estamos, horrorizados todavía por las dos contiendas mundiales que inundaron de sangre la historia de nuestro continente.

Tratando de superar todo aquello que hacía imposible la reconciliación entre pueblos vecinos. De todos esos obstáculos, los peores son el nacionalismo y sus fechorías. El referéndum ilegal del 1 de octubre fue una escandalosa expresión de desprecio a la Ley, al Derecho, a la Justicia y a la convivencia. ¿En qué estará pensando ese juez alemán?

El Astrolabio ( ABC )