DESVERGÜENZA

El episodio, fábula o cuento del carterista al frente de la muchedumbre gritando «¡Al ladrón, al ladrón!» es tan plástico que aún surte efecto y ahí tenemos a Pedro Sánchez con su coro mediático acusando a Pablo Casado de torpedear las posibilidades de que España reciba la parte asignada de los fondos de recuperación europeos para aliviar los destrozos de la pandemia vírica, ninguna tontería: 140.000 millones de euros, el segundo receptor después de Italia.

Cuando la realidad es que los representantes del PP allí están haciendo justo lo contrario: asegurarse, primero, que esos fondos se aprueben. Luego, que se empleen en lo designado, y no les ocurra lo que a tantas ayudas europeas que fueran a parar a los bolsillos de políticos o a sus votantes, como ocurrió a los ERE andaluces.

Hace falta desvergüenza, al resultar caradura demasiado leve, para lanzar tamaña acusación, aunque estamos acostumbrados a que la izquierda no tenga inconveniente en imputar a sus rivales actitudes y hechos que ella se ha cansado de repetir. Sobre todo, cuando no tiene otra defensa, como ocurre en este caso.

Comencemos diciendo que la enorme suma, 750.000 millones de euros, fue apadrinada por el Grupo Popular Europeo, con la cancillera Merkel a la cabeza, que deben ser destinados a proyectos específicos capaces de producir valor añadido, sin que quede duda alguna sobre su tramitación y destino.

En otras palabras: no serán simples ayudas a fondo perdido ni subsidios más o menos sociales, sino palancas de reactivación de empresas desarboladas por el tsunami del Covid-19. La ecología, la transformación digital y todo cuanto tenga que ver con el mundo del futuro tendrán preferencia.

Tanto o más importante es que se lleve clara y exacta cuenta de los gastos, que controlará el Parlamento europeo, supervisado a su vez por los 27 jefes de gobierno. Se financiarán mediante recursos propios de la UE para que no signifiquen un lastre para las generaciones futuras, debiendo ponerse en marcha lo antes posible. Y ni que decir tiene que el control ha de ser escrupuloso, para que no vuelva a ocurrir lo que en el pasado.

Los representantes del PP español en Bruselas vienen colaborando con tanta pulcritud como intensidad para que el proyecto no descarrile ya sea porque los llamados frugales -Suecia, Finlandia, Dinamarca y Holanda-, impongan condiciones demasiado duras a los receptores -Italia y España a la cabeza-, ya sea porque estos vuelvan a las andadas y se lo gasten en «vino y juergas», como ha dicho un eurodiputado holandés, ni en sus experimentos sociales.

El líder del PP europeo, el alemán Manfred Weber, lo ha dicho con mayor exactitud y elegancia: «Ese dinero no puede ser para financiar las reformas de Podemos», demostrando estar al tanto de la situación. O sea que si Pedro Sánchez quiere recibirlo, que se olvide del PP y procure que Pablo Iglesias no toque ni un solo céntimo de esa suma.

Ahora que si prefiere seguir mintiendo, el culpable de que España no reciba ese dinero será él.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor