HAY QUE DETENER LA BOLA

La séptima acepción gramatical de la palabra “bola” es, según el diccionario de la RAE, “mentira, rumor falso o infundio, generalmente con fines políticos o de otro género”. Las imágenes que reproduzco me las han enviado por WhatsApp y pertenecen -supongo que serán reales- a una plaza de Gerona. Como puede apreciarse, la primera representa una escultura de gente que va a votar, la segunda otra de miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado cargando contra los votantes, y la tercera es una placa conmemorativa del ataque que sufrió el pacífico pueblo catalán por parte de las fuerzas represoras españolas mientras ejercitaba pacíficamente su derecho de voto en el referéndum del 1 de octubre. En la placa se dice que el conjunto escultórico quiere dejar testimonio de admiración y recuerdo por el digno comportamiento y coraje del pueblo catalán.

Si a lo que antecede se une la inadmisible presión que han ejercido en el IES El Palau de Sant Andreu de la Barca (Barcelona) 9 profesores (?) que amonestaron a los niños que eran hijos de guardias civiles con frases como “¡estarás contento con lo que hizo tu padre ayer!, o “parecen perros rabiosos! o ¡el que esté a favor de la violencia policial que se quede en clase! -cuestión ésta que ya está en manos del fiscal-, se advierte claramente que los independentistas catalanes, haciendo uso de su habitual victimismo (en el que son maestros), se están inventado una nueva afrenta del “españolismo” con la que exacerbar los encendidos ánimos de los fanáticos que se creen sus mentiras.

Acontecimientos semejantes -aunque parece que sin ser tan burdos- se inventaron los separatistas vascos, y por lo que estamos viendo estos días una parte radical del pacífico (?) independentismo catalán está empezando a manejar las tácticas fascistas de hostigamiento contra los que piensan diferente, como ha ocurrido, por poner los ejemplos más recientes, con los asaltos a las sedes de Ciudadanos, las pintadas intimidatorias en el edificio en el que vive el socialista Salvador Illa, o el escrache que sufrió ayer a Xavier García Albiol mientras disfrutaba del día de San Jordi.

La experiencia demuestra que, si no se detienen a tiempo, estos movimientos de los “azotacalles” independentistas catalanes irán a más y no hay que descartar que incluso desemboquen en más severas alteraciones del orden público. Así que me parece que ha llegado el momento de detener la bola para evitar que se haga más grande. El pueblo español no se merece nuevas tensiones en las calles de Cataluña organizadas por los separatistas catalanes con la única finalidad de mantener vivo el espíritu secesionista y menos aún que se instale en las plazas públicas homenajes conmemorativos de una burda mentira.

José Manuel Otero Lastres ( ABC )