DÍAZ Y EL DESPILFARRO ELECTORALISTA

Aunque las elecciones autonómicas andaluzas están fijadas para marzo, todo apunta a un adelanto este otoño. Susana Díaz quiere aprovechar el efecto reboteen intención de voto para los socialistas que genera la llegada de Sánchez a La Moncloa. Y, además, distanciar los comicios de la sentencia del caso de los EREque ya se está juzgando -con Chaves y Griñán, entre otros, en el banquillo- y de varios procesos que se avecinan por tramas de corrupción.

Así, en clave electoral, la presidenta se ha puesto ya el casco populista y ha empezado a repartir regalos como la ampliación a cinco meses de baja maternal y paternal para todos los funcionarios de la Junta, a la vez que les ha concedido la implantación de forma efectiva de las 35 horas de trabajo semanales. El problema es que las medidas suponen un coste para las arcas públicas andaluzas, pero la presidenta las aprueba, frívolamente, sin cuantificarlo ni explicar cómo se va a pagar. Es fácil disparar con pólvora del rey para sumar votos.

Andalucía, una de las regiones con más paro de toda la UE, y la tercera con mayor volumen de deuda de España, no puede permitirse despilfarros de sus políticos. Díaz saca pecho porque lleva tres ejercicios cumpliendo los objetivos de déficit. Pero no dice que eso ha sido a cambio de ejecutar recortes -culpando siempre al Estado, claro- en servicios básicos como la sanidad, sin tocar nada de la ingente red clientelar en torno al Gobierno regional. Así, lo de la paternidad suena a escarnio.

El Mundo