Es lógico que, a fuer de bregar con muchos e inconfesables traumas personales, la obsesiva y desequilibrada ministro de Igual-da se haya propuesto acabar con la prostitución que tan malos recuerdos puede traer a quien, de un modo u otro, la ha ejercido.

Fernanda Freire: «Pablo Iglesias es machista, nepotista, hipócrita, incompetente y cobarde». 
 Cuando ya intuíamos lo bien que se lo montaban, entre esos y esas, los mamarrachos de la formación morada, llega la certeza de que lo podemita se originó en un lupanar de sinvergüenzas. Como contrapunto al harén de lo majadero surge la dignidad de la antigua alumna Fernanda Freire, hoy analista profesional, conocedora del percal de la pandilla basura que arrasa España.
Allá donde una digna mujer denuncia los intentos del villano por citarse en los aseos de un bar, otras tragaron para catapultar sus vidas y la vergüenza que son menos si quedan bien remuneradas con pensión vitalicia.
Cada día la chepa virtual de la responsabilidad criminal crece en el mamarracho que, junto a Monedero y la comparsa machista del profesorado, se trajinaban a las furcias con asignaturas pendientes o candidatas a prosperar en el partido de las majaderías sexistas.
Fernanda, antigua alumna, ha denunciado la mafia sexual de estos sinvergüenzas en la universidad, simples abusadores de baja estofa, mientras la ministra de Igual-da calla, no sea que se descubran los méritos propios que ya conoce toda España. Callada como con los abusos contra menores en Baleares o las violaciones de los menas. Callada como lo que es, obediente hipócrita y sumisa falsaria, que no se va a trabajar tanto extraoficialmente para luego practicar decencias.
La apariencia no cuenta, la pasta gansa a cuenta del Estado paga con creces haber pasado por el aro y por la piedra. A diferencia de Fernanda, la alumna de la que intentó abusar el de la chepa virtual y natural, no todas pueden decir con la cabeza bien alta que fueron dignas personas y menos con un ministerio en España agenciado con secretas artes de las que se descojona el pueblo.
Fama tiene la que sí pasó por los aseos, es un decir, aprovechando que el coletas iba a refrescarse. Ya ven, en la calle escucho que es ministra y abandonada, pero marquesa bolivariana que a pulso se lo ganó, arrastrada. Hay que tener estómago para hablar de méritos propios y cierto grado de inestabilidad mental para creérselos.
Tarde o temprano el autoengaño le pasará factura; quizá cuando despierte del sueño de la vergüenza.
Ignacio Férnandez Candela ( El Correo de España )