DIGNIDAD, PRESIDENTE, REPONGA EL ORDEN

El martes y en la noche del miércoles se produjeron gravísimos disturbios en Cataluña, instigados por el propio Gobierno autonómico y su presidente, que habían llamado al levantamiento callejero ante las condenas por la insurrección de 2017.

El aeropuerto de El Prat fue asaltado por una muchedumbre que provocó la cancelación de 108 vuelos, castigando así a miles de viajeros y desacreditando la imagen de Barcelona y España, país que es una potencia turística. En la noche del martes al miércoles hubo altercados violentos en Barcelona, Lérida, Gerona, Tarragona y Sabadell. En la segunda ciudad de España, los radicales separatistas cercaron la Delegación del Gobierno, lanzaron adoquines, huevos, pintura y vallas a mossos y policías nacionales.

Levantaron una docena de barricadas de fuego y cortaron avenidas principales. La Policía se vio desbordada. En muchos momentos los piquetes violentos camparon a sus anchas. Los fuegos ardían sin que nadie intentase apagarlos. Ayer al mediodía todavía trabajaban 45 brigadas para limpiar y reabrir el paseo de Gracia.

Se quemaron 250 contenedores. En el conjunto de Cataluña resultaron heridos 75 policías, pero hubo solo 51 detenidos. La respuesta del Gobierno de España ante este insólito quebranto del orden público fue un melifluo comunicado, limitándose a señalar que el Ejecutivo velaría por el mantenimiento del orden. ¡Qué menos!

Tras la penosa escalada violenta, la jornada de ayer comenzó con el ministro del Interior, el pusilánime Grande-Marlaska, declarando que la coordinación Mossos-Policía funciona de maravilla, por lo que no ve necesario aplicar la Ley de Seguridad Ciudadana para que el Gobierno central tome el control de los Mossos, dirija el operativo y reponga el orden.

Unas horas después, asistimos a algo insólito en una democracia occidental. Joaquim Torra, presidente de Cataluña y por razón de cargo máximo representante ordinario del Estado allí, se sumó como un manifestante más a una marcha que cortó por completo uno de los sentidos de la A-7 en la localidad gerundense de Malavella, al igual que hicieron seis de sus consejeros.

Torra no solo no condenó la violencia, sino que se jactó de participar en el cierre por la fuerza de una autopista que conecta España y Francia: «Es fantástico ver al pueblo movilizado y en marcha. Es emocionante compartir estos momentos». Mientras impedía la libre circulación se felicitó con cinismo de que las protestas «se estén celebrando de manera tan cívica y pacífica».

Anoche la manifestación impulsada por los CDR en Barcelona cobró ya formas de guerrilla urbana, con cócteles molotov, lanzamiento de ácido a los policías, intento de alcanzar un helicóptero policial con un cohete pirotécnico y de nuevo hogueras a forma de barricada. En su día Torra animó a los CDR, la facción callejera más radical, con su famoso «apretad». Sus propios hijos forman parte del grupo.

Señor presidente del Gobierno de España: ¿Qué más pruebas necesita? Si el mandatario de Cataluña, responsable último de la Policía autonómica, encabeza manifestaciones violentas, resulta evidente que no puede continuar ahí. Señor Sánchez, olvide su calculadora electoral por un instante y ejerza su cargo con la dignidad debida.

Aparte a Torra y tome de inmediato las medidas necesarias para reponer el orden público y la legalidad en Cataluña. Las libertades personales y la democracia no existen si se toleran espacios donde la ley queda en suspenso.

Luis Ventoso ( ABC )