DILEMAS

El pueblo español, en su sabiduría, ha repartido las cartas del poder político de modo tal que no resulte posible a partido alguno acapararlo por completo y todos deban resolver complejos dilemas a la hora de buscar socios. Ningún actor del escenario está para celebraciones.

Por mucho que las televisiones se empeñen en señalar a Vox como el apestado en este intercambio de cromos, al eje tradicional izquierda-derecha se superpone otra línea divisoria mucho más acuciante en términos de nación, cual es la que separa a los partidos leales a la Constitución de los que no lo son y tienen, para nuestra desgracia, un protagonismo grande. La partida es a múltiples bandas con una apuesta elevada en juego.

La excepción a esta regla se llama Pablo Iglesias, líder venido a menos de un Podemos en horas críticas. Su papel se limita a esperar pacientemente la decisión del PSOE, mendigando con humildad lo que antes exigía altivo.

Perdidos los principales «ayuntamientos del cambio» y la capacidad de condicionar gobiernos autonómicos, al antaño arrogante dirigente de la coleta, amenazado de desahucio en su propia formación, solo le resta aceptar las migajas que esté dispuesto a darle Pedro Sánchez, o no, a cambio de unir sus 42 diputados a los 123 socialistas y así sumar 165, claramente insuficientes para alcanzar una mayoría. Lo cual nos lleva a las decisiones que ha de tomar el presidente en funciones.

Aunque la victoria del puño y la rosa en las urnas del pasado domingo resultara ser numéricamente inapelable, el escrutinio fue recibido en Ferraz como un jarro de agua fría. De ahí que Sánchez se perdiera la reunión de su propia ejecutiva para ir a cenar con Macron y rogarle su intercesión ante Albert Rivera, agitando el fantasma del «pacto con la ultraderecha» que tan mal resultado dio, por cierto, a Manuel Valls en Barcelona.

Ese fantasma es, seguramente, su mejor arma, aunque no la única. ¿Qué puede ofrecer el candidato del PSOE al jefe de filas de Ciudadanos? Lo que éste le ha pedido es una enmienda a la totalidad de su política apaciguadora en Cataluña, ni más ni menos. Asumiendo que tal importe supera lo que Sánchez está dipuesto a pagar, restan algunas capitales de provincia y sobre todo Navarra.

En la comunidad foral, el PSN está llamado a decidir si gobierna la lista vencedora, integrada por UPN, PP y Cs, o lo hace la coalición encabezada por Uxue Barkos y patrocinada por el PNV con el apoyo de Bildu. Los nacionalistas vascos ya han señalado esa baza como innegociable con vistas a la investidura.

La respuesta a ese chantaje por parte de populares y ciudadanos bien pudiera ser una abstención que dejara vía libre a Sánchez, no solo porque Navarra es determinante para la defensa de España, sino porque todos sabemos que no existe alternativa alguna al candidato del PSOE y nada ganamos los españoles echándolo en brazos de los golpistas.

Resuelta La Moncloa, quedaría por dilucidar el resto del mapa autonómico. ¿Deberían conformarse los de Rivera con servir de escuderos por doquiera a los del PP? No, si aspiran a tener futuro. Cs necesita fajarse en la gobernación y demostrar capacidad de liderazgo, so pena de seguir los pasos Podemos, y Casado necesita feudos territoriales donde resistir su personal travesía del desierto y la de unas siglas vapuleadas en las generales. Madrid comunidad sería un precio muy razonable a cambio de la capital, Castilla y León y Aragón, con el permiso de Vox… O no.

Isabel San Sebastián ( ABC )

viñeta de Linda Galmor