Quienes siempre hemos sido marginados por las inseguridades que genera desmarcarse de la norma tendemos a rebelarnos contra las doctrinas. El grado de libertad que esto nos permite puede convertirnos en una amenaza a ojos de los gobernantes.

El problema en los tiempos que hoy corren es que ignoramos quiénes gobiernan en realidad. Y esto ocurre porque quizá la pregunta correcta no pueda formularse de esta guisa. Quizá la pregunta correcta no sea quién gobierna sino «para qué», «para quién» o, en cualquier caso, «qué». El pragmatismo del sistema capitalista hace que la tercera opción sea la más concreta.

De modo que debemos plantearnos si quienes gobiernan están a nuestro servicio o no. Yo creo que es necesario un cambio de sistema. A lo largo de la Historia de la Humanidad nos hemos organizado de diferentes maneras para obtener o compartir nuestros recursos: la caza, el trueque…

Pero nada como el sistema capitalista ha conseguido una explotación de recursos tan salvaje que estamos a punto de cargarnos el planeta; algo obvio a estas alturas.

La mayoría de la ciudadanía debería saber responder a esa tercera opción («¿qué»), si la educación reglada fomentara el pensamiento libre y el juicio crítico. Respecto a la que yo defiendo como pregunta clave: «¿qué nos gobierna en este sistema?», piénselo con la libertad que le permita su propio sistema de valores y de creencias.

Y, tenga o no, una respuesta clara, permítame una sugerencia: échele un vistazo al título de este artículo y tome su propia decisión en libertad.

David Fernández Aredano ( El Correo de España )