DIVIDE Y PERDERÁS

El triunvirato fundador de Podemos -Monedero, Iglesias y Errejón- duró lo que el agua en una cesta, algo frecuente en la izquierda, y hoy son más rivales que aliados. Lo que no les impide seguir siendo neomarxistas, un marxismo pasado por Laclau, que se parece al de Marx como el Quijote de Avellaneda al de Cervantes.

Si juntos creían poder asaltar el cielo, que para un marxista es controlar la pasta, la libertad y la verdad, separados lo único que van a conseguir es aniquilarse entre sí. Que es, ni más ni menos, lo que Errejón intenta hacer con Iglesias al presentarse a las próximas elecciones. «Éramos pocos y…», dirán algunos.

A lo más que puede aspirar, aparte de la satisfacción personal por pasadas afrentas, es a facilitar la victoria de Sánchez, ahora que las cosas empezaban a torcérsele, al quedar en evidencia su incapacidad de formar gobierno, pese a contar con todos los resortes para hacerlo. Incluso puede perjudicarle si esa puñalada trapera no obtiene los votos necesarios para lograr su investidura.

Que Errejón, con su aire juvenil, amable, inofensivo, resulta más simpático que el lúgubre Iglesias está a la vista, como que su oferta «transversal» le abre muchas más posibilidades que el dogmatismo de su exsocio. Pero tiene también sus inconvenientes.

El primero, que cuesta tomárselo en serio, sobre todo tras lo que ha hecho. Luego, una campaña electoral no se improvisa y aunque ha tenido un éxito mayor del esperado en Madrid, se debe más que nada a su alianza con una figura de tanto arrastre como Manuela Carmena. La imagen de nieto y abuela seguro que atrajo muchos votos. Y está por ver si la exalcaldesa decide saltar al ruedo.

De entrada calla y sin descartarlo, tiene que verlo muy claro para hacerlo. Y claro no hay nada en el 10-N. Algo parecido ocurre con el resto de la izquierda. Hay formaciones a las que el miedo no les cabe en el cuerpo, como Compromís, que ya han dicho que sí, pero la mayoría se lo están pensando. Imagino que el nombre «Más Madrid» no despierta mucho entusiasmo y algún regionalista haya dicho «¿Todavía más?».

Las cuentas que hacen en Ferraz son que Errejón atraiga a esa izquierda que piensa quedarse en casa dado el papelón de sus líderes los últimos meses, y que incluso algunos de Ciudadanos, visto que Rivera tampoco se ha lucido, se animen a acercarse a las urnas. En otras palabras: que Errejón sea una antídoto contra el descontento de los españoles hacia su clase política.

Pero resulta que Íñigo forma parte de la misma, ¡y de qué forma! En actividad, iguala a Rivera y en volatilidad le supera. Quiero decir que los pronósticos son más arriesgados que en la Liga. Y más que el mejor, el menos malo tiene la pinta de ganar. Hoy van en pelotón pero pronto empezarán las escapadas y caídas. Dado que Sánchez no puede dormir con Iglesias en su gobierno, me pregunto si, con Rivera, no sentiría el frío del acero en la espalda.

José Maria Carrascal ( ABC )