DOBLE RASERO EN LA CRISIS MIGRATORIA

No existen soluciones sencillas para un reto tan complejo como el de la gestión de los flujos migratorios. Pero lo peor que se puede hacer es abordarlo desde el buenismo simplón, máxime cuando se tienen responsabilidades de gobierno. En ese caso, la demagogia no tarda en volverse contra uno como un bumerán. Es lo que le está pasando a Pedro Sánchez, que ya ha confundido a todo el mundo y decepcionado a muchos de los suyos con sus vaivenes, sus gestos propagandísticos y sus contradicciones en este delicado asunto.

Y es que el mismo presidente que ha llegado a La Moncloa presumiendo de generosidad con la acogida del Aquarius y que defiende -sin estudiar la situación siquiera- la eliminación de las concertinas de las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla, ha sido el mandatario que, codo con codo con Macron, ha abogado en el Consejo Europeo por la creación de “centros cerrados de acogida” para migrantes que, como hoy publicamos, son cuestionados por juristas y ONG ya que incumplen las leyes básicas que rigen en España.

En esos centros, que se ubicarían en países voluntarios, se recluiría sin distinción a migrantes por motivos económicos y a solicitantes de asilo; y a adultos y menores de edad. Todos por un tiempo indeterminado y en condiciones alejadas de los parámetros que exigen los derechos humanos. Se plantea, por tanto, un gran debate ético. Pero, mientras, deja en evidencia el doble rasero del presidente del Gobierno ante el desafío migratorio.

El Mundo