DOLORES DELGADO, EN EL OJO DEL HURACÁN

La espiral de renuncios en la que se ha visto atrapada Dolores Delgado coloca a la ministra de Justicia en el ojo del huracán, en una situación insostenible fruto de sus mentiras. La polvareda se levantó tras conocerse la existencia de una pieza de la Audiencia Nacional que podría relacionar a Delgado con el comisario José Manuel Villarejo, en prisión provisional por organización criminal, cohecho y blanqueo de capitales. En un primer momento, la ministra intentó sortear la información (resumida en una cita entre ambos para recabar trato de favor a un empresario) esgrimiendo tajantemente que no tenía ninguna relación con Villarejo.

Horas después de tan débil defensa, en la que no se atisbó ánimo alguno de aclaración, ciñó sus palabras a lo profesional para al día siguiente matizarse a sí misma con un comunicado: «No ha tenido relación personal, profesional, oficial o no oficial más allá de coincidir en compañía de otras personas en algún evento». Y ayer su castillo de mentiras se desmoronó por completo tras la publicación de audios, grabados por el propio Villarejo en una comida en 2009, que evidencian incluso una estrecha relación entre ambos. Ante tal revelación, la ministra se vio forzada a admitir varios encuentros con el comisario y a anunciar que acudirá al Congreso a dar explicaciones.

Tanto enredo no sólo sitúa a Delgado bailando sobre el alambre, sino que revelan un cuando menos extraño compadreo entre quien entonces ejercía de fiscal de la Audiencia Nacional (AN) y un personaje vinculado con las más sórdidas cloacas del Estado. Más allá del coloquial lenguaje empleado por ambos en los audios, que denota una patente familiaridad, es elocuente tanto la compañía de la comida como la naturalidad con la que se abordan asuntos de enorme calado y actualidad política y judicial con altos mandos policiales bajo investigación o imputados. En la cita, donde se festeja una condecoración a Villarejo, se encontraban entre otros los también comisarios e imputados Enrique García Castaño, Gabriel Fuentes y el juez inhabilitado Baltasar Garzón, de gran afinidad con Delgado.

La ministra se presentó ayer como una víctima de Villarejo, un daño colateral de la estrategia procesal de un hombre que consiste en atacar al Estado. Recordó que las cintas del comisario ya implicaron antes al Rey emérito, aunque olvidó que ella se interesó en la posibilidad de juzgar a Don Juan Carlos meses antes de que la AN archivara la investigación. Es verdad: la honorabilidad de Villarejo no es un secreto a voces. Pero lo que ha cercado a Delgado no son tanto sus citas con un presunto delincuente, que también. Lo que la comprometen son las mentiras que se ha visto forzada a deshilachar cuando le ha sido imposible esconder la relación. Una trama que pone seriamente en tela de juicio su capacidad para ejercer con autonomía las funciones inherentes a una ministra de Justicia.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor