DONANTES DE SÁNCHEZ

Lo que de forma garbancera se denomina ecuador de la campaña electoral es un domingo que, como el de ayer, divide por la mitad la quincena fantástica de los mítines. El otro ecuador, también imaginario, es el que separa la crítica del autobombo, que son las dos áreas en las que se desarrolla esta pachanga.

Como en cualquier competición, las jugadas de ataque suelen resultar más vistosas y estimulantes que las de defensa para un público que no aprecia el valor de la jactancia y que rara vez aplaude esa forma de pasarse el balón en su propio campo con que se adornan los que van ganando.

No es raro, así, que Alberto Núñez Feijóo exhiba su desprendimiento ideológico y su permeabilidad política, y tampoco que Íñigo Urkullu se eche al monte para hacer alarde del folclore local, tocar el txistu y camuflarse en un paisaje elevado por el nacionalismo a la categoría de emblema. A cada uno lo suyo, o lo que considera suyo. Por esta regla de tres, tampoco extraña ver a Pedro Sánchez, productor de aquellos viernes sociales de 2019, volver a hacer campaña con el dinero de todos, ahora a espuertas.

Flamante candidato a la presidencia de Estados Unidos, Kanye West tiene billetes de sobra para asar una vaca texana, gastarlo en una campaña o grabar otro disco inspirado por Dios. Si no le llega, se lo prestan Elon Musk o su mujer, a la que hace unos días felicitó por «convertirse oficialmente en billonaria».

Pedro Sánchez anda más tieso, pero se presenta como el hombre que ha sacado de la pobreza a 850.000 hogares, que ha salvado de la ruina a las pymes y los autónomos y que, con lo que le queda suelto, da de comer a los trabajadores de los ERTE. «En total, 580.000 operaciones en lo que llevamos de crisis», añade el líder socialista, tan desprendido que ayer ni siquiera quiso apuntarse el tanto de los 450.000 españoles a los que dice haber salvado la vida.

Desde una ética basada en la hipocresía, aquí siempre nos ha llamado la atención la figura del donante que, a cambio de una embajada, financia la carrera presidencial de un candidato norteamericano.

Con Sánchez, sin embargo, se nos está poniendo a todos cara de donante, pálida como al que le sacan medio litro de sangre. Le estamos pagando la campaña con lo que no tenemos y con lo que nos va a cobrar.

Luego nos pone una embajada o un estanco, cuando suba el tabaco.

Jesús Lillo ( ABC )