DONDE DIJE DIGO…

Durante la campaña electoral, a Rivera sólo le faltó jurar en Santa Gadea de Burgos, so pena de todos los castigos del infierno, que «no pactaría con el PSOE de Sánchez». Un día después de votarse, creaba un Comité Nacional de Negociaciones de Pactos, presidido por Inés Arrimadas, que dejó abiertas todas las opciones, la del PSOE incluida, «aunque lo veo muy difícil, pero no imposible», añadió, justificándolo en «vamos a pensar en el bien de los ciudadanos».

¡Vaya, el primer partido que piensa en los ciudadanos, no en sí mismo! Veinticuatro horas más tarde, visto el revuelo armado, el secretario general de Ciudadanos, Villegas, puntualizaba: «Sólo pactaremos con aquellos socialistas no relacionados con separatistas y populistas, que, además, estén dispuestos a aplicar el artículo 155 en Cataluña». No sé lo que pensarán ustedes, pero aunque parecen suficientes garantías, a mí me recuerda aquella rapaza que decía «estoy un poco preñada».

Más, cuando añadió que «en principio no contemplamos negociar con Vox», ya que en estos casos, no cuenta el principio, sino el fin. Para completar el cuadro, les señalo que desde la cúpula del PSOE le están tirando los tejos descaradamente a Rivera, lo que garantizaría la investidura de Sánchez, acabar con el pesado de Iglesias pidiendo sitio en el Gobierno y, lo más importante, con el chantaje de los nacionalistas, al tiempo que se recuperaba el centro. Bingo.

¿Estamos ante la última sorpresa de esta batalla electoral? La tentación es grande para Rivera, que no ha logrado sus objetivos en estas elecciones: el sorpasso del PP y el liderato de la oposición. Pudiendo incluso tocar poder. Pero los riesgos son mayores, pues confirmaría la sospecha de que no es persona de fiar, capaz de la traición más alevosa.

¿Quién de centro-derecha, su granero natural de votos, iba a darle el suyo sabiendo que podía terminar apoyando a la izquierda o, mucho peor, a los independentistas? Sería pegarse un tiro, no en el pie, sino en la sien. Rivera lo sabe e imagino que lo que se trama en ese Comité de Alianzas es mantener el pacto con el PP en Madrid, lo más destacado, y apoyar al PSOE en Castilla y León, Murcia y otras plazas de menos brillo.

Claro que también puede pensar que su primer rival es el PP, y así puede ayudar a destruirlo. O que no hay elecciones hasta dentro de cuatro años, y, entonces, se habrá olvidado todo.

Queda, por otra parte, Vox, que tiene la llave de esa coalición y sin sus votos no habrá gobiernos conservadores en ningún sitio. Abascal exige que se le trate con respeto y se le ceda la parte de poder que le corresponde. Curiosamente, lo mismo que Iglesias pide a Sánchez.

Por si todo ello fuera poco, el lío por la alcaldía de Barcelona es aún mayor. Lo que significa que la batalla postelectoral supera a la electoral. Nuestra capacidad de no ponernos de acuerdo sólo es superada por la falta de principios de la inmensa mayoría. (Continuará).

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor