DOS ACOSADOS

Sería ingenuo esperar que Sánchez y Casado lleguen a un acuerdo en la entrevista que hoy tienen. Y sería de bobalicones pensar que solucionen el problema catalán, al no tener solución razonable: habrá vencedores y vencidos. No se puede ser español y no serlo al mismo tiempo, como intentan los embaucadores de convencernos.

La incógnita es saber quién será el vencedor y el vencido. Sin embargo, Casado y Sánchez van a verse. Dos personajes más patéticos que dramáticos, con sólo en común la angustiosa situación en que se encuentran. Sánchez, es el pillo, que ayer mismo mentía a los suyos asegurándoles que su «mesa» con ERC no les dañará, cuando cada concesión que haga al independentismo, financiara o política, irá

 a su cuenta. Teme que sus planes se desplomen y busca la coartada de que lo ha intentado todo, incluido pactar con el PP, sin que nadie le ayudara. Casado, en la línea más sobria del estoicismo castellano, intenta disimular su incapacidad de unir a la derecha, desde la civilizada o centrista a la montaraz y arisca, pasando por la galaica, que no se sabe dónde está. No quiere ser acusado de rechazar verse con un presidente que sabe va a engañarle, como a todos.

El más acosado es Sánchez, que ha hecho tantas promesas, extendido tantos cheques y aceptado tantas y tan contradictorias demandas que a estas horas no sabe a cuál atender. El último sublevado es el campo, lo que resulta una grotesca paradoja para un gobierno «progresista», al formar los campesinos una de las fuerzas más firmes del proletariado.

Pero también se le sublevaron a la Segunda República en Casas Viejas, porque los progresistas de salón (y chalé en urbanización de lujo podríamos añadir hoy) no resolvían sus problemas. Entonces los resolvieron a tiros («en la barriga» ponen en boca de Azaña) y empiezan a movilizarse los «autónomos», ese nuevo proletariado que asume todos los costes de los empresarios sin ninguno de sus beneficios. Únanle jubilados, jóvenes, independentistas y demás damnificados, y tendrán a medio país gritando ¿qué hay de lo mío?, sin respuestas, sólo excusas del Gobierno.

A Sánchez le viene salvando que nacionalistas e izquierdistas tienen más miedo a la derecha pura y dura que a él. Vox ha hecho más por mancomunar al nuevo «frente popular» que ninguna otra causa. Y hasta que sus efectos destructivos no lleguen al común de la sociedad o Casado no logre aglutinar a las tres derechas, Sánchez aguantará en La Moncloa, no importa las mentiras que cuente o los disparates que cometa.

Claro que entonces puede ser demasiado tarde para rectificar, como ha ocurrido en algunos países, hispanoamericanos especialmente. No creo, sin embargo, que ocurra en España por la sencilla razón de que nuestra situación es otra: estamos en Europa y quedan «líneas rojas» que el populismo no puede salvar, el Poder Judicial y la Corona, especialmente.

Pero hay que estar preparados para que las cosas empeoren antes de mejorar. Si mejoran.

José María Carrascal ( ABC )