DOS DEBATES POR UNO

Ha conseguido lo imposible: poner de acuerdo a Rivera con Iglesias, a Casado, con Abascal, a TVE, con las privadas. Pedro Sánchez está batiendo su propio récord de manipulador y arrebatacapas. Quería sólo un debate a cinco, para contemplar complacido cómo las tres derechas se destrozaban entre sí. Y, además, en Atresmedia, que editó su libro, bueno, suyo y de la periodista que lo escribió.

Pero como suele ocurrir a quienes se pasan de listos, que lo quieren todo sin dar nada, el tiro le salió por la culata. O por donde menos lo esperaba: la Junta Electoral Central eliminó a Abascal del debate, dejando a Sánchez en cueros ante la acometida de sus dos principales rivales, Casado y Rivera, que podían ser tres, dado el cabreo de Iglesias por el ninguneo al que viene sometiéndolo.

Dado que Sánchez tiene tanto descaro como escaso valor, tras un primer momento de pánico, en el que barajó cancelar su asistencia, decidió seguir el refrán norteamericano «si no puedes vencer a tu enemigo, abrázate a él». Y aceptó no sólo el debate a cuatro en TVE, sino celebrar también el de Atresmedia a cinco, donde podría recomponer la estratega inicial contra las «tres derechas» y salvar al menos los muebles al no poder la vergüenza. Aunque falta que la Junta Electoral apruebe el segundo debate.

Nunca como en este lance ha quedado retratado el personaje que llegó a La Moncloa por la puerta trasera y está dispuesto a permanecer a cualquier precio: su falta de escrúpulos, su desmedida ambición, su capacidad para engañar a todos, empezando por él mismo. Suelen ser superficiales, atractivos, cuentan historias graciosas y citan familiarmente a famosos.

Todos los tenemos en nuestro entorno, aunque procuramos evitarlos al saber que, a la menor oportunidad, nos la pegan de una forma u otra. Lo peor es cuando llegan a puestos relevantes, ya que su desenfado y buena apariencia suelen esconder una retahíla de resentimientos y frustraciones.

Ellos son los primeros en saberlo, de ahí su ansia de triunfar a cualquier precio, que les lleva a meterse en berenjenales de los que son incapaces de salir, dañando a los incautos caídos en sus redes. Por eso procuran rodearse de colaboradores de poca capacidad, para usarlas en sus atrevidos experimentos y, de fracasar, echarles la culpa, pues nunca reconocerán la suya.

Veremos cómo sale de ésta. Si sale. Pues son peligrosos, sobre todo al sentirse acorralados, recuerden el último pandemonio dentro de su partido. Sus contrincantes en el debate o debates deben de tener en cuenta que estas elecciones las decidirán, más que los méritos de los participantes, escasos en todos ellos, sus errores. Y uno de los más frecuentes en televisión es sobreactuar.

El espectador toma los ataques furibundos al adversario como si fueran contra él. Y Sánchez puede adoptar como último recurso el papel de víctima. Justo lo contrario de lo que es. La ironía resulta mucho más eficaz. Pero ése es un arte con el que se nace, no se aprende, y usarla con Pedro Sánchez es como echar flores a los jumentos habiendo cardos.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor