DOS GEMELOS QUE ENCARNAN EL MAL

Pocas pruebas hay más irrefutables de que el mal existe -sin paliativos- que las biografías de los hermanos Luciano y Bernardo Montoya, asesino confeso este último de la joven Laura Luelmo. Resulta estremecedor el historial de estos gemelos, con una vida paralela marcada por la violencia y los distintos crímenes que ambos han perpetrado.

Como publicamos hoy en Crónica, ambos fueron incluso objeto de estudio para un artículo publicado en una revista interna de la Guardia Civil en torno a sus huellas dactilares con el fin de saber si compartían algún tipo de gen asesino. Aunque la conclusión fue que esto último no es posible, la realidad es que tienen el idéntico perfil de ese tipo de sujetos extremadamente violentos desde la infancia que jamás podrán rehabilitarse ni acompasarse a la sociedad.

Esto último es fundamental cuando se reabren debates como ha ocurrido esta semana sobre nuestro sistema penal. Reconocer la existencia mal -es decir, admitir que el carácter patológico de algunas personas les impide vivir dentro de los márgenes del Estado de derecho – es el punto de partida para comprender lo necesaria que es una figura como la de la prisión permanente revisable, que no debiera derogarse tal como defendían hasta hace bien poco los partidos de izquierda.

Por otra parte, urgen medidas que refuercen la aplicación de la libertad vigilada. Proteger a los ciudadanos de personas de esta naturaleza es la primera obligación de todo Estado.

El Mundo