Dos personas rectas, dos hombres de honor se auparon a hombros de la coherencia el jueves en el Congreso, para rescatar con su voto el buen nombre de su partido y la imagen de una Cámara convertida en burla a los españoles. Me refiero a Sergio Sayas y Carlos Adanero, representantes de UPN, cuyo gesto de enorme valor quedó invalidado en el recuento por la torpeza de un popular, sumada al sectarismo antidemocrático de la presidenta Batet, lo que no resta un ápice de grandeza a su alarde de dignidad.

Salió finalmente adelante la reforma del mercado laboral ‘consensuada’ entre los agentes sociales, es decir, comprada por el Gobierno a los sindicatos con ingentes cantidades de fondos públicos y a

 la patronal con el el reclamo de muchos miles de millones procedentes del socorro europeo. Se aprobó el proyecto estrella de la legislatura por una diferencia de un voto, fruto de una equivocación.

Quedó de manifiesto una vez más la debilidad de un Pedro Sánchez rehén de sus socios independentistas, que rehusaron darle su apoyo al no obtener, como de costumbre, el derecho de pernada autonómico inherente a todo respaldo, ante la amenaza de quebrar el endeble acuerdo alcanzado y perder el maná de Bruselas.

Logró una victoria pírrica la estrella fugaz, Yolanda Díaz, que sale muy tocada de este trance y de su pugna por el control de Podemos al haberse revelado inútil en el empeño de convencer a las partes más coriáceas de Frankenstein.

Mostró de nuevo su semblante camaleónico Ciudadanos, sirviendo de muleta a Sánchez con el pretexto de facilitar la llegada de ese rescate europeo y la intención real de sacar la cabeza política y acaso asegurarse algún pesebre en el sector privado cuando llegue la debacle en las urnas; que llegará, seguro, como corresponde a una fuerza política que traiciona a sus votantes incumpliendo sus promesas.

Hizo el ridículo el PP con el error de ese parlamentario que falló en lo único importante que han de hacer sus señorías y escogió para meter la pata una votación decisiva.

Esto no disculpa la actitud intransigente y posiblemente ilegal de Merixel Batet, presidenta del presidente que no del Congreso, cuya actuación deberá valorar en última instancia la Justicia si los recursos anunciados se producen. Pero el daño ya está hecho y sus consecuencias son graves.

Entre tanta vileza, infamia, ausencia de principios, tacticismo e incompetencia brillaron con luz propia Sayas y Adanero, cuyas intervenciones desde la tribuna suelen ser antológicas.

El presidente de UPN, Javier Esparza, que había hecho un cambalache con Bolaños sin molestarse en recabar su opinión, les ha pedido que devuelvan el acta.

Yo le reto desde aquí a que consulte a las bases. Me apuesto un abono en la Monumental para todos los Sanfermines a que sus votantes navarros le dan la patada a él.

Isabel San Sebastián ( ABC )