Dos incógnitas

Dos preguntas penden hoy sobre la política española: ¿va a retirarse Rajoy definitivamente, y qué camino va a seguir Sánchez al frente del Gobierno, el de la moderación o el de los elementos más radicales de la amplia coalición que le llevó en volandas a la presidencia? Intentaré contestarlas lo mejor que puedo.

Pienso que Mariano Rajoy debe continuar en la política activa y no convertirse en un «jarrón chino», como llamó Felipe González a los expresidentes. Y debe hacerlo por tres motivos: el primero, porque el momento es delicadísimo y se necesitan hombres de Estado en medio de jóvenes inexpertos. Luego, para evitar que el PP se ensimismeen el problema de su sucesión sin participar en el debate crucial en que estamos, y, por último, porque es un excelente parlamentario, que haría un formidable jefe de la oposición para fiscalizar cada paso que dé Sánchez como jefe del Gobierno. Que sus enemigos quieran que se vaya es el mejor argumento para que se quede..

En cuanto al camino a seguir por Pedro Sánchez, es más difícil de predecir por no depender de él, sino de quienes le nombraron. Me lo imagino titubeando entre el corazón y la cabeza. Si de él dependiera, posiblemente se lanzaría, como ya hizo en el pasado, a la utopía socialista del Estado ideal que predica Iglesias, a la «nación de naciones» de Zapatero y a negociar con los nacionalistas una secesión que no lo parezca.

Pero la cabeza le advierte que justo eso lo llevó a ser defenestrado por su propio partido, por lo que debe andarse con cuidado. Lo malo es que depende de quienes le llevaron a La Moncloa y van a pasarle factura. De hecho, ya se la están pasando. Él va a intentar contentar a todos sin rendirse a nadie, atrincherado en La Moncloa con sus leales, dando largas a los asuntos más graves y ocupándose de los facilones, como las agendas social, ecológica y feminista.

Cuánto tiempo podrá aguantar nadie lo sabe, porque algunas de las demandas, como las de los secesionistas presos, son urgentes. Ha llegado a la Presidencia sin un programa de gobierno y lo único en marcha es el presupuesto que, ¡oh paradoja!, hereda de Rajoy. Pero varios de sus supuestos socios le exigen revocarlo o enmendarlo a fondo, lo que pondría en peligro la recuperación. Imagino que intentará empalmarlo con el presupuesto de 2019 como camuflaje.

Ganar tiempo, esa es su necesidad más urgente. Para lo que necesita al PP tanto o más que a sus teóricos aliados. Va a intentar engañarles a todos, pero dudo que lo consiga. No porque le falte habilidad para mentir, sino porque ni los independentistas ni la extrema izquierda están dispuestos a ceder. Una vez que han conseguido deshacerse de Rajoy, saben que, con Sánchez en La Moncloa, es su última oportunidad de lograr lo que buscan: la República catalana y acabar con el sistema que tenemos. Ante lo que sólo cabe un escéptico optimismo: esperar lo mejor y prepararse para lo peor.

José María Carrascal ( ABC )