DUELO A LA SOMBRA

No hay duelo más cruel ni espectacular que el de dos chantajistas. («Chantaje: presión mediante amenazas, para obligar a alguien a obrar en determinado sentido», DRAE). El chantaje, delito canalla y cobarde al situar a la víctima entre ceder y avergonzarse, cobra tintes épicos al ocurrir entre chantajistas.

Los expertos recomiendan no ceder desde el principio, ya que, en vez de aliviar la carga, la prolongará de por vida. El chantajista siempre vuelve. De ser ambos, como digo, es a muerte. En ocasiones, Incluso de los dos, al ser personajes que no suelen darse por vencidos y están acostumbradas a ganar.

Ante nuestros ojos está teniendo lugar uno, aunque con el jolgorio navideño y la crisis política, no lo vemos o no queremos verlo, como tantas otras cosas. Me refiero al pulso ERC y PSOE en torno a la investidura de Pedro Sánchez.

Pocas veces ha quedado tan claro el chantaje mutuo: Esquerra le dice al PSOE: «Como no me des la autodeterminación y la libertad de los condenados por el procés, no apoyo la investidura». El PSOE advierte a ERC: «Como frustréis esa investidura os encontraréis con la derecha en La Moncloa, comandada por Vox». Un dilema doblemente incómodo, de ahí las demoras.

Querer, quieren ambos el acuerdo, pero conocen el riesgo. Su mayor enemigo no es el contrincante, sino sus socios. Los republicanos catalanes saben que corren el riesgo de ser considerados traidores por el resto de los separatistas si no logran cuanto piden. Sánchez sabe que, de cedérselo, será considerado traidor a España por la derecha, el centro y ciertos sectores de la izquierda.

Pero ambos saben también que se necesitan para alcanzar sus metas: seguir en La Moncloa el uno, lograr la independencia el otro. Así que intentan camuflar ese acuerdo con circunloquios semánticos para ocultar lo que de verdad están negociando: el entero esquema constitucional español. De hecho, una segunda Transición, que cambiará España mucho más que la primera, al cambiarla no sólo como Nación, sino también como Estado.

Pero a Sánchez ya no le queda otra salida. Ha vendido su alma al diablo a cambio de continuar siendo presidente y desde que empezó el pulso no ha hecho más que ceder: aceptar una negociación de tú a tú, considerar «político» y no «constitucional» el conflicto catalán, no referirse a la Constitución sino a la «seguridad jurídica», que vaya usted a saber lo que significa.

De hecho, sólo le falta lo que el vulgo conoce como bajarse los pantalones, presionando a la Abogacía del Estado para que también se rinda. Es la repetición a la escena nacional del drama que protagonizó por el liderato del PSOE, y perdió. ¿Lo perderá también?

De su partido no tiene mucho que temer, una vez purgado de disidentes La reacción del resto, en cambio, es impredecible, como siempre que los españoles nos enfrentamos a lo impensable respecto a España. Podemos alzarnos, como frente a los franceses. Podemos rendirnos, como frente a los árabes. Por cierto, tardamos siete siglos en reconquistarla.

José María Carrascal ( ABC )