DULCE Y CARA ESPAÑA

La izquierda de la Guerra defendió España y apoyó los estatutos de autonomía. La izquierda de la Transición colaboró en la Constitución, que diseñó el Estado de las Autonomías más avanzado de Europa. La izquierda que defiende una Segunda Transición, con la caída del “Régimen del 78”, se ha hecho un lío con la España plurinacional.

Ayer, Pablo Iglesias decía con acierto que defender España requiere aportar soluciones políticas a problemas históricos. “La cárcel y la represión -tuiteaba- enquistarán más el problema”. Cree que un Rey más cerca del PP que de la ciudadanía catalana no augura un futuro fácil a la Monarquía. La izquierda culpa del colapso institucional a Mariano Rajoy y aspira a convencer al PNV para que apoye una moción de censura con todos los nacionalistas, que solucione el encaje de Cataluña. Pero yo no tengo claro que echar a Rajoy de la Moncloa y a Felipe VIde la Zarzuela arregle lo que no tiene arreglo.

A muchos españoles les extraña ese compromiso de la izquierda digital con los nacionalistas desleales, que en nuestro entorno simbolizan la extrema derecha contra Europa. Esa tolerancia con la infidelidad es muy normal en la historia de España. El pueblo, que en la mayoría de los lances tuvo comportamientos heroicos en defensa de las libertades, adoró al rey Felón y gritó “Vivan las cadenas”. Dos siglos antes, Lope de Vega ya versificó el papel de madrastra de España con los españoles leales y su tolerancia con los desleales: “¡Ay, dulce y cara España,/ madrastra de tus hijos verdaderos,/ y con piedad extraña/ piadosa madre y huésped de extranjeros!”.

No es de ahora esa actitud a la contra de la propia patria con los habitantes, es una de las características del español. Los historiadores y escritores pintan una nación escindida en dos mitades, cada una de ellas dividida y subdividida, como se multiplican las imágenes en los juegos de espejos. Los taifas, los cantones, los carlistas, exaltados e intransigentes separatistas, han intentado deshacer el Estado cuando era monarquía, cuando era república, cuando mandaba la derecha o cuando mandaba la izquierda.

Dentro de unos días vamos a comprobar si los nacionalistas confirman el fracaso de España y el fin de un Estado decrépito o se sofoca la última rebelión. Hasta ahora, el país se ha mantenido unido a pesar de tantas embestidas. Tampoco debe caerse en la tentación de tratar a los separatistas como a herejes o felones, que es el adjetivo que se ha aplicado en España muchas veces a los rebeldes y a los demócratas. Se denominó cafres a los independentistas de Cuba y hoy son héroes para la historia. Pero también hay que recordar que Antenor, que vendió Troya, “acabó tocando con la cabeza los pies como un arco, donde los cuerpos se transparentan como paja en vidrio”.

El peligro a partir de ahora es, también, que de cada hueco de España salga España. Los ciudadanos están hartos de que se trate a los españoles como si fueran una minoría. Es el momento de defender una Constitución que ampara la unidad y la igualdad, como ha proclamado el Rey.

Raúl del Pozo ( El Mundo )