ABUSOS, DESVARIOS Y NEGLIGENCIAS ATERRIZAN EN EL AEROPUERTO DEL PRAT

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ABUSOS, DESVARIOS Y NEGLIGENCIAS ATERRIZAN EN EL AEROPUERTO DEL PRAT

Por segundo año consecutivo, el aeropuerto de El Prat se ha convertido en una vergonzosa trampa para pasajeros y turistas. Si en 2016 el caos vino provocado por la crisis operativa de Vueling, este verano miles de personas han tenido que soportar, con indignación e impotencia, retrasos, largas colas de espera y hasta la pérdida de alrededor de 1.000 vuelos por los que no serán compensadas ni resarcidas.

Se trata de una situación inaceptable en el que es el segundo aeropuerto por número de pasajeros de nuestro país, que daña irresponsablemente la marca España y pone en peligro la salida de la crisis, la recuperación económica y el crecimiento del PIB nacional. No sería extraño que ante el mal funcionamiento que presenta año tras año el aeropuerto de Barcelona, algunas compañías decidieran dejar de operar allí y muchos visitantes optaran por otros destinos.

Aunque en diferentes grados, son varios los causantes de este atropello. En primer lugar, un colectivo de trabajadores que no ha dudado en utilizar su posición de fuerza para chantajear y mantener como rehenes a miles de personas para lograr sus demandas. Los empleados de Eulen, la nueva concesionaria de la seguridad de El Prat, denuncian la reducción de salarios, la insuficiencia de personal para realizar sus tareas, lo que les obliga a alargar su jornada laboral, y una elevada temporalidad en el empleo.

Todas ellas, reivindicaciones razonables si no pretendiesen alcanzarlas mediante el abuso. El 24 de julio, en plena temporada alta, decidieron recurrir a paros encubiertos mediante huelgas de celo que retrasaban el normal funcionamiento de los controles de seguridad a pasajeros y equipajes. No contentos con los resultados, anunciaron paros parciales, el segundo de los cuáles tendrá lugar hoy si las conversaciones previstas para primera hora no lo impiden.

Para aumentar la presión amenazan con una huelga indefinida desde el día 14. En situaciones como ésta es cuando se sufren las consecuencias de la ausencia de una ley de huelga, una tarea que ningún gobierno ha querido afrontar a pesar del mandato constitucional. Las declaraciones de la responsable del comité de huelga admitiendo que cuanto más largas fueran las colas de pasajeros más beneficiarían a los intereses de los trabajadores suponen una actitud intolerable que debiera hacer reflexionar a nuestros legisladores.

Por otro lado, la buena disposición de Aena a participar como mediador en el conflicto desde el pasado jueves, no puede hacernos olvidar que sus responsables han actuado muy tarde. El gestor aeroportuario no ha debido permitir que la situación llegase a este punto, por más que tenga cierta razón en argüir que se trata de un conflicto ajeno a sus competencias, ya que el servicio de seguridad está externalizado.

Como titular de los aeropuertos en régimen de monopolio, no es comprensible que hasta ahora se haya lavado las manos, por lo que además de poner todo su empeño en que las negociaciones lleguen a buen puerto y se impidan más paros, debe ejecutar de manera inmediata las sanciones previstas contra las empresas que, como Eulen, no están garantizando el servicio para el que se les ha otorgado la concesión.

Finalmente, el delirio ha venido de manos de los independentistas. La Generalitat, en lugar de ejercer su autoridad en materia laboral para solucionar el conflicto, ha querido encubrir su negligencia lanzando un discurso de falso agravio para responsabilizar al Gobierno de la situación y pedir nuevas competencias en materia aeroportuaria. El ridículo ventajismo de los separatistas demuestra su incompetencia para la solución de los problemas reales y su irresponsabilidad por no evitar el caos en El Prat.

Porque además de las repercusiones económicas, existen otras en materia de seguridad. Ante el riesgo de la ausencia de verdaderos controles en el aeropuerto, el ministerio del Interior ha incrementado el número de efectivos de la Guardia Civil para velar por la seguridad de todos y evitar males mayores ante esta mezcla de irresponsabilidad, negligencia, abusos y desvaríos.

El Mundo

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