EDUARDO ZAPLANA

Es un político sagaz, coherente y moderado. Durante largos años gozó de extraordinaria popularidad. El pueblo levantino le votó reiteradamente y fue, con sus votos, alcalde de Benidorm y presidente de la Generalidad valenciana. Como ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, realizó una gestión calificada por los principales analistas de excelente, demostrando ser un negociador de hábil mano izquierda y paciencia infinita. Portavoz del Gobierno y también del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados, el PP no lo ha tenido mejor.

Persona de gran calidad humana, trabajador hasta la extenuación, solidario con los desfavorecidos, atento con todos, respetuoso con los que de él discrepaban, Eduardo Zaplana es uno de los políticos más relevantes entre los que he conocido a lo largo de mi dilatada vida profesional. Afirmo todo esto porque nunca recibí de él absolutamente nada, salvo amistad y simpatía.

Una leucemia atroz le puso al borde de la muerte, cuando se mantenía en triunfo en su carrera política y profesional. En silencio, con singular entereza, sin aspavientos ni lamentaciones, hizo frente al desafío del cáncer y lo venció provisionalmente.

En el marco de la operación Erial, resultó detenido el pasado mes de mayo. Naturalmente, no voy a entrar en el fondo del asunto. Él se ha declarado inocente y me parece obligado respetar la presunción de inocencia. La juez que lleva el caso, Isabel Rodríguez Guerola, que ha demostrado a lo largo de muchos años su independencia y su rigor jurídico, ha decidido mantenerle en la cárcel.

A mí me ha estremecido el informe médico de la clínica estadounidense MD Anderson, de Texas, en el que se advierte de peligro de muerte si continúa en prisión. No se trata de un eufemismo. Los médicos estadounidenses afirman de forma rotunda que una recaída en su enfermedad es mortal “en el 100% de los casos”. Y la cárcel incrementa el riesgo de esa recaída.

Ni existe riesgo de fuga ni de destrucción de documentos. Eduardo Zaplana, si la juez Isabel Rodríguez Guerola así lo decide, dispondría en su domicilio de una atención médica y psicológica que la prisión no le puede dar. Somos muchos los que pensamos que, por razones médicas y humanitarias, la magistrada podría reconsiderar el caso Zaplana y aliviar su situación.

Luis María Anson ( El Mundo )