EFECTO EJEMPLARIZANTE

España no es el país más tonto del mundo, pero hacemos méritos. El juicio que se sigue en el Tribunal Supremo contra los golpistas catalanes enfila su recta final y, a tenor de lo que va diciendo el Ministerio fiscal, la única duda que parece quedar es tan solo si lo del 1 de octubre de 2017 fue rebelión o sedición.

Pocos países como el nuestro han consentido tantas garantías y permisividades a los acusados de poner en jaque su unidad y ordenamiento. Estoy seguro de que, ni en Francia ni en Alemania, Junqueras y los suyos gozarían de tantas facilidades.

Han politizado el proceso, y menos mal que al frente de la sala está un magistrado de primer nivel que ha reconciliado a la opinión pública española con los jueces. El Estado, de todos modos, se ha mostrado acomplejado y hemos tolerado a los golpistas todo tipo de concesiones, algunas orientadas claramente a burlar la ley y los valores democráticos.

Ya solo nos queda comprobar que el peso de la justicia cae sobre aquellos que de manera reiterada han despreciado los principios del Estado de Derecho. Los españoles miran al Supremo y esperan.

El Astrolabio ( ABC )