EL ACOSO A ESPAÑA

El proceso ya está en marcha y no viene de fuera, sino de dentro. Caballo de Troya. La demolición de las estructuras de la libertad en España ha sido ideada desde el propio Gobierno aplicando una estrategia antiquísima: una bicefalia con una cabeza que ataca y otra que defiende. Pero en este caso, además, las dos molleras de la criatura política que nos gobierna son bifrontes como el dios Jano.

Tienen dos caras, una para ver el mal en el contrario y otra para cegarse ante el mal propio. Es decir, Sánchez e Iglesias forman un animal policéfalo muy peligroso porque con sus cuatro rostros suman todas las combinaciones posibles para analizar la realidad y distorsionarla a su antojo.

Por ejemplo, ¿por qué TVE no retransmitió en directo el funeral por las víctimas del Covid-19 en la Almudena y, en cambio, hizo un despligue histórico con unidades móviles y drones por doquier para que toda España viera cómo sacaban a Franco del Valle de los Caídos?

Este nivel de sectarismo nunca se había producido antes en este país. ¿Por qué los mismos que denunciaban las reuniones en los reservados de los restaurantes como símbolos de la vieja política y reclamaban transparencia absoluta a sus adversarios nos impiden conocer qué paso en el encuentro entre Ábalos y Delcy Rodríguez en el aeropuerto aduciendo que se trata de un secreto de Estado?

¿Por qué el presidente está tan inquieto por la investigación de la Fiscalía suiza sobre las supuestas comisiones al Rey Emérito y, sin embargo, enmudece ante las informaciones sobre la tarjeta de teléfono de la asesora de su vicepresidente que éste destruyó sin avisar a nadie? ¿Por qué está muy bien que una niña aborte sin conocimiento de sus padres porque hay que defender la libertad de la mujer y, en cambio, Pablo Iglesias puede alegar que se guardó los archivos íntimos de su compañera para protegerla?

¿Por qué el vicepresidente que dijo en una entrevista que si alguna vez mandara lo único que pediría es la televisión para convertirla en un instrumento de persuasión vilipendia al mismo tiempo a periodistas que son críticos con su gestión?

¿Por qué pide Iglesias que naturalicemos el insulto cuando es él quien injuria pero jalea a su pareja a ir a los tribunales para denunciar a un poeta que la denosta? La lista de interrogantes de este tipo no acaba nunca, así que no es necesario seguir con ella, pero es la esencia del proceso de destrucción del sistema: ellos son la verdad incontrovertible y todos los demás mentimos.

La estrategia es parecida a la de los torpederos de estatuas. Consiste en abatir pilares de la libertad. La Constitución está trasnochada. La Justicia tiene intereses que, por supuesto, siempre proceden del capitalismo. Las fuerzas de seguridad son las cloacas del Estado…

 Esto lo dicen quienes enarbolan la Carta Magna para luchar contra los desahucios, hostigan a los jueces y fiscales que los investigan y condenan o reclaman para su cartera de poderes el CNI. Pero el primer capítulo de esta aventura es la Corona porque saben que esa victoria sería emblemática.

Si derriban la Monarquía, todo lo demás será pan comido. Por eso su táctica ahora consiste en arrinconar al Rey Felipe VI contra su padre, de manera que haga lo que haga sea criticable. No basta con haber renunciado a la herencia ni con haberle retirado su asignación.

Porque mientras la cara amable de Pedro Sánchez elogia la actuación del Jefe del Estado, su rostro desabrido habla de la necesidad de plantearse si tiene sentido la inviolabilidad del monarca. Y mientras la faz gubernamental de Pablo Iglesias defiende la república, la partidista acosa a la Corona pretextando que la «gente» reclama su abolición.

Juegan con todas las barajas y lo hacen desde la Moncloa, no desde el Congreso, imponiendo su efigie bicéfala que tanto evoca al águila de San Juan. No sé si me explico.

Alberto García Reyes ( ABC )

viñeta de Linda Galmor