EL AÑO DELTITANIC

En horas veinticuatro se nos va este 2018  y no tengo muy claro que haya sido un buen año.  Es cierto que cada uno cuenta la feria según le  va y yo, además de algún recuerdo triste e irreparable tengo la sensación de que a los españoles nos ha mirado un tuerto desdentado, apestoso, soez, infeliz y mal follado, al que mantenemos a cuerpo de rey con nuestros impuestos,  y no me estoy refiriendo al presidente de gobierno  – que ha acumulado méritos para que, unos párrafos más abajo le dedique unas palabras –  porque él es guapo y limpito.

No sé si la sensación que tengo es compartida por algunos de quienes me leen pero este año es la primera vez que me preocupo por el futuro de España como nación porque es la casa en la que vivo y en la que permanecerán mis hijos y  nietos, y  cada vez que veo en manos de quienes estamos me malicio un futuro que no deseo para ellos.

En estas circunstancias me da por pedirles a los Reyes Magos que nos regalen algo de paz, amor y cachondeo, pero enseguida caigo en la cuenta de que Melchor, Gaspar y Baltasar son como la república catalana porque no existen, así que no tengo más remedio que mantener mi compromiso con la palabra para que además de los eructos verbales de los rufianes, los chiki, las idoias, los oteguis, y  los indignos caganers y sus compañeros de comparsa, existan otras voces que no se avergüencen  de defender lo que  aún nos queda de decencia en este país.

2018 ha sido un año de excedente de despropósitos,  coprotagonizados,  jaleados o consentidos por el gobierno, cuyo presidente  en sus ratos libres y acompañado de su señora y algunos familiares y amigos ha tomado posesión de España como si fuera su propia finca y la recorre en Mystere o en helicóptero,  catando las ventajas que el poder le regala con cargo de nuestros impuestos.

Su imagen me recuerda a los pasajeros de primera clase del Titanic  que bailaban al son de la música que interpretaba la orquesta, hasta que descubrieron que el barco se hundía, y ya era demasiado tarde.

No se con quién tomará las uvas el Presidente del gobierno o si se tragará esa noche doce ruedas de molino enviadas desde Barcelona. En cualquier caso no creo que se les indigesten porque a él le va bien en todas las ferias… menos en la de abril.

Diego Armario