EL ÁRBOL MURCIANO

Murcia, no es una ciudad de grandes jardines, el agua escasea, pero los que hay son verdaderamente bonitos y, tengo la suerte de vivir cerca de dos de los mayores. Son de reciente construcción, y ambos se encuentran en una zona que hasta hace muy poco era huerta, pero que con el desarrollo de la ciudad ahora se encuentran en uno de sus barrios más populosos y antiguos.

Una mañana paseaba por uno de ellos, cuando llamó mi atención un árbol del que pendían tiras de tela. Intrigado me acerqué y pude darme cuenta de que lo que había tomado por telas eran cintas de colores.

Durante un rato estuve dando vueltas alrededor de él sin poder explicarme la razón de aquello, pues al no ser periodo de fiestas no lo podía tomar por adornos, además en ninguno de los árboles que había a su alrededor había ninguno.

Repentinamente escuché una voz que decía:
-Es el árbol del chupete.
Me di la vuelta y vi que el que hablaba era un niño de unos cuatro o cinco años que me miraba fijamente:

-Perdona ¿Qué es lo que has dicho? – pregunté.
-Que es el árbol del chupete, todos los niños lo saben – contestó.
– Pero yo no soy un niño y no lo sé – dije.
– ¿Y le gustaría saberlo? – replicó dejándome atónito, pues aquella respuesta no era propia de un crío de tan corta edad.
-Sí, soy muy curioso – dije, tras recuperarme.
-Todo empezó cuando el árbol comenzó a entristecerse al ver como los niños, que antes jugaban con él, dejaron de hacerlo, dedicando todo su tiempo a las tablets que sus padres les habían regalado.

El pobre árbol se veía sólo y se afligía cada vez más. Sus hojas iban marchitándose, hasta que sólo quedó una.
Sabía que cuando ésta cayera moría y ya iba a despedirse de los otros árboles, cuando se le acercó un pequeño que llevaba un hermoso chupete colgado al cuello.
– ¿Qué te paza abol? – preguntó con su media voz, pues todavía no había aprendido a hablar bien.
-Me estoy muriendo, los niños ya no juegan conmigo pues no me quieren – contestó el árbol.
-Eso quere decí que ya no te veré – preguntó el niño.
-Sí, me secaré y me convertirán en leña – contestó el árbol.
-No, yo te quero, que puedo hacé pa que no te moras, mira te doy mi pete y voy a decirle a mis amigos que hagan lo mismo, así estarás acompañado por ellos siempre. – respondió el niño.

Dos horas más tarde las ramas del árbol estaban cubiertas con los chupetes de los niños.
El árbol al verse así tan bellamente adornado, se cubrió de hojas de un verde profundo y dijo a los niños que jugaban con él.
-Sois muy buenos, y para agradecéroslo haré que todos los jardines de Murcia sean los más bellos del mundo. Al poco tiempo todos los árboles se cubrieron de frutos y flores que embellecían los parques y jardines de la ciudad haciéndola cada vez más hermosa, bueno todos los árboles no, él sólo tenía hojas.
-Y tú ¿no tienes flores? – preguntó uno de aquellos niños.
-Yo no, tengo algo más bello que me adorna, vuestros chupetes. –contestó el árbol, mientras se alzaba orgulloso.
-Desde entonces Murcia es conocida por la Huerta de Europa y el árbol se llama el árbol del chupete – terminó el niño.
– Una leyenda muy bella ¿Y tú como te llamas niño? – pregunté.
– Guardián del árbol – contestó, mientras su figura iba desvaneciendo entre las ramas.

Relato inspirado en una leyenda murciana.
Claudio Aldaz Riera.