EL ARCA

La dictadura personal sería imposible sin una corte vertical de «chulos del tirano» (expresión de Étienne de La Boétie), que son las televisiones del maná de Estado.

Estado, que no falte. Del «Estado de Obras» de Fernández de la Mora al «Estado de Derecho» de Elías Díaz («No todo Estado es Estado de Derecho y, sin embargo, decimos, no todo Estado es Estado de Derecho; la existencia de un orden jurídico no autoriza a hablar sin más de Estado de Derecho; designar como tal a todo Estado sólo lleva al confusionismo») para llegar al «Estado de Excepción» del Consenso («Yo he votado a favor decretos que no conocíamos ni el contenido», confesó Casado en el Anarrosa), que es lo nuestro: la excepcionalidad.

En pleno Estado de Excepción, que es la Norma, se nos dice que después del confinamiento general un juez determinará el confinamiento particular de los súbditos (es decir, de todo aquél que tosa, se supone que al Poder) en un Arca de Noé.

De dar crédito a Nuestro Señor, «en los días antes del Diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el Arca; y cuando menos lo esperaban llegó el Diluvio y se los llevó a todos».

Pemán habla de un tal Jeromo («un niño de 80 años», como ahora Carlos Bardem, el gagman de la pandemia) que contaba a los niños el chiste del ciempiés (cuyo gozo es la encrucijada):

-Señó Jeromo, cuéntenos el cuento del Arca de Noé…

-Pues, señó, esto fue cuando el Diluvio Universal. Los hombres habían sido muy malísimos…

Somos el asombro del mundo en Derecho gubernativo. Desenterramos por unanimidad (¡el Consenso que no falte!) a los muertos que en vida «no separaron los poderes», atribuimos los golpes de Estado televisados a la «maladaptative daydreaming» de los mesetos, y si hay gripe, con nuestro poder constitucionario encerramos a los del moco colgante en un Arca de Noé, donde Noé sería Pablemos con el látigo de su sueño de Mariló, que no es el de Dostoyevski en Dresde..

Ignacio Ruiz-Quintano ( ABC )