Hay dos formas de mentir: contar lo contrario de lo ocurrido y contar sólo una parte de ello, colateral, ocultando lo importante. La izquierda ha usado profusamente ambas, al creerse en la posesión de la verdad y de la ética, lo que convierte en verdadero cualquier cosa que diga. Sin que las innumerables veces que la realidad la desmiente de un tortazo lograra que renunciase a tal práctica.

El mero hecho de que se considere defensora de la libertad y de los pobres cuando crea miseria y opresión donde quiera que se implante es la mejor prueba. No respeta ni a sus fundadores. Marx dijo que la revolución proletaria no podía ocurrir sin haber tenido la burguesa, y miren por dónde, el país donde primero se implantó, Rusia, no tenía burgueses, sino aristocracia y siervos. Y lo peor es que así sigue un siglo más tarde.

Otro ejemplo sublime de la mentira como arma favorita de la izquierda lo tuvimos con el caso Gürtel y su principal consecuencia, la caída del Gobierno Rajoy. Que Francisco Correa había montado un tinglado con el tesorero del PP para financiar actos electorales y otras actividades de éste era sabido desde que aparecieron sus famosos papeles.

Lo que sirvió para acusar al PP de financiación irregular, de llevar una caja B y de ser Rajoy uno de los beneficiados. Añádanle que el magistrado de la Audiencia Nacional que llevaba el caso lo asumió como prueba para condenar al partido y se montase una moción de censura que acabó con su presidencia. Pero el Tribunal Supremo, al revisar el proceso, ha hecho importantes correcciones.

Las buscarán en vano en la brigada mediática del actual Gobierno, que se limita a decir que el Supremo certifica que el PP se lucró con la trama corrupta de Gürtel. Cuando en la sentencia hay mucho más. De entrada, ve «excesiva la alusión a la caja B del PP». De haber devuelto el dinero ingresado en su cuenta, 245.000 euros (una insignificancia frente al malversado en los ERE andaluces) se habría acabado el caso.

En cuanto a Rajoy, ni siquiera aparece en él. Lo que no impidió que perdiera el puesto. Así se las gastan quienes quieren controlar la Justicia. El expresidente se lo ha tomado con su famosa cachaza. «Una reparación moral», dijo.

Fue sin duda una de esas granujadas al por mayor que montó uno de los listos que abundan en nuestro país con el tesorero de un partido y su esposa como principales beneficiados, utilizado por sus rivales políticos para descabalgarles.

Todos ellos han visto reducidas mínimamente sus penas. Sobre el juez que llevó el caso prefiero que opinen sus colegas, aunque ya están opinando, al apartarle de otras causas relacionadas.

En cuanto al principal beneficiado, el actual presidente, le tocó contar el chiste del del día, al llamar al PP «partido antisistema». Cuando los tiene sentados a su lado, gobierna y negocia con ellos.

Lo que indica que, a sus muchas carencias, hay que añadir la del sentido del ridículo.

José María Carrascal ( ABC )