EL ARTE DE SEDUCIR

Nadie me ha dado vela en este entierro pero quiero romper una lanza en favor del humorista español Arévalo porque ha conseguido que la gente hable de él y de Jennifer Lopez,  y eso es algo que yo jamás he logrado a pesar de que he escrito  cálidos artículos en varias ocasiones sobre ella, su culo, su belleza latina y las ganas infinitas que le tengo.

Esos reproches que ha recibido de la jauría de envidiosos tuiteros que viven en el ocio permanente y todo lo critican, son el  reflejo  de la su puñetera envidia,  porque ignoran un principio básico en el arte de la seducción: si alguien te gusta hay que intentarlo por muy improbable que se nos antoje que la señora nos vaya a hacer caso, y lo que es más importante, hay que conseguir que se sonría.

Me imagino que la neoyorquina de origen puertorriqueño  se ha deleitado al leer el tuit que Arévalo le envió diciéndole que él “era uno de los muchos admiradores que tiene en España, que se  ha dedicado al espectáculo toda su vida  y que ella le encanta”, con lo que A el humorista español tiene ya algo ganado en ese complicado reto,  porque la victoria solo la merecen los valientes como él.

En cualquier caso seducir  es todo un arte y no algo que se consiga solo con proponérselo.

A lo largo de mi vida he sido un gran observador de cómo se comportan los hombres cuando intentan ligarse a una señora  y he aprendido de sus fracasos para no incurrir en los mismos errores. Solo un hombre capaz de ponerse en la cabeza de una mujer tiene alguna posibilidad de entenderla y de seducirla.

Lo que sucede es que, en estos tiempos de mentiras y confusión, hasta los políticos hablan de seducir a los demás, de tener un discurso sexy y no sé cuántas otras gilipolleces, y les ruego que me disculpen pero no encuentro término que se ajuste con mayor rigor a la situación que estoy describiendo.

Con toda sinceridad se lo digo a quienes me leen: Arévalo tiene más posibilidades de seducir a una de las mujeres más deseables de Hollywood, que el macarra asustadizo de Puigdemont o su maporrero nazi, Quim Torra,  a las catalanas que no se han apuntado a la locura que lideran.

En este caso no es por cuestión ideológica sino porque desconocen el arte de la seducción,  por más que ellos o el único presidente guapo que ha pisado la Moncloa hablen con frecuencia  de gobierno bonito y se pasen el día haciéndose videos, besando a niños o sacándose sangre.

Diego Armario