Cada mañana, cuando echo un vistazo a la prensa a través de Internet, me topo indefectiblemente con una serie de noticias y de fotos en las que aparecen como protagonistas unos personajes cuyas opiniones gaseosas se difunden como si fuesen un anestésico de idiotez para la población.

Los medios apuestan por su consumo porque han constatado que le interesan a un amplio sector de nuestra sociedad ,y lo que llegó a llamarse hace años telebasura, cuyo mayor exponente reside en Telecinco, hoy ha contaminado incluso a periódicos que eran serios y programas que se habían ganado a pulso una cierta respetabilidad.

Algunos políticos tardaron en percatarse de que conseguir el voto de los más manipulables y menos reflexivos era una fórmula perfecta para hacerse con el apoyo del homo estupidus, y aunque para muchos ciudadanos el hecho que relato pasó inadvertido, la intervención de Pedro Sánchez en un programa  basura como el que dirige y presenta un tal Jorge Javier Vázquez fue una jugada maestra, porque elle le reconoció como el líder al que había que votar e hizo de prescriptor de esa opción política para los telespectadores.

Hace unos meses Sánchez llamó por teléfono a Rocío Carrasco, para solidarizarse con ella porque según había denunciado en un programa, también de Tele 5, su ex marido la maltrató hace años, pero no tenemos noticia de que el Presidente del gobierno se haya puesto en contacto con alguna otra mujer anónima maltratada o víctima de violencia vicaria. A la Televisión basura le viene muy bien la política basura.

En la primera mitad de Siglo XX los políticos utilizaban la radio para influir en una sociedad con escasa formación académica, pero cien años después trabajan para desarmar una suficiente estructura educativa, formativa y mental de la población, rebajando las exigencias para pasar de curso académico, regalando limosnas con trampa a una juventud a la que quieren anestesiada, o utilizando la mentira sistemática y la demagogia como instrumento de acción política.

Hace unos días falleció el filósofo   y ensayista español Antonio Escohotado, y leyendo un artículo sobre él recogí alguna de sus reflexiones, que transcribo a continuación como homenaje a su inteligencia y contraste con la simpleza intelectual y moral de quienes he citado en esta columna:

«Lo que hacemos muchas veces es sucumbir a nuestra basura. La adulación opera y la idiocia prospera. La ignorancia se ha apoderado de todo. ¿Cuánto va a durar este estado de cosas? Esa es la pregunta«.

Diego Armario