Se dice que en toda guerra la primera víctima es la verdad. Vemos cuanto pasa en la guerra de Ucrania. Comprobamos cómo el narco comunismo hispanoamericano se junta con la mafia comunista rusa de la mano de Putin. La droga del narcotráfico, la mafia y la diabólica ideología formando un todo con el sectarismo absoluto del mayor indisoluble criminal.

En China sin embargo reina el misterio con el régimen totalitario más puro y absoluto, de inspiración marxista, bajo el mandato dinástico y vitalicio de Xi Jinping. Como no sabemos nada, poco podemos decir. De este régimen tiránico por su hermetismo total, sólo sabemos que el virus letal, Covid-19, causante de la pandemia que infectó al mundo entero salió de un laboratorio de Wuhan, del sur de China, donde casi seguro que lo fabricaron y lo expandieron.

Eso no lo pudieron ocultar, aunque no dejaron verificar la verdad, cosa que nunca se sabrá en un régimen comunista, porque la asesinaron nada más nacer. Claro que existe la verdad, pero que nadie la busque en un país comunista, o se la pregunte a Putin, porque morirá asesinado pronto por preguntar. Ni tampoco se la pregunte a Pedro Sánchez que le sonará a chino.

O al fantasma de Nicolás Maduro (amigo de Putin) que es un monstruo guiado por Cuba. El régimen de Putin está instalado entre la mafia y la ideología marxista, se junta el hambre con las ganas de comer, y deja un gran reguero de sangre de los opositores asesinados, envenenados, ahorcados o silenciados en extrañas circunstancias, que nadie puede investigar, salvo que quiera ir a sumarse en la lista de las víctimas.

Bajo el efecto del veneno, los tiroteos, y la cárcel, siempre en extrañas circunstancias «desaparecen» los opositores a Putin desde que tomó el poder en Rusia, hace 22 años cuando dejó de ser espía del KGB. A ver si su misma mafia lo quita del medio y de su dictadura personal.

El corresponsal español en Moscú, Marc Marginedas, ve además un componente añadido: «Putin llega al poder en un momento en el que Rusia está desgarrada por la lucha entre mafias. Se podría decir que fue la mafia la que consiguió imponerse al resto. Han llegado ahí con métodos propios del crimen organizado. Lo que les importa es someter».

El periodismo -que no es tal si no busca la verdad- resulta ser una amenaza para la propaganda mediática del régimen comunista. La periodista, Anna Politovskaya, se erigió como un símbolo de la prensa libre tras su asesinato en 2006, por criticar a Putin. Es escalofriante el reguero de sangre que deja Putin. En Rusia no hay oposición y si surge es extirpada de raíz.

Vemos el caso Navalny y los 4.300 detenidos en las protestas. O el de Boris Nemtsov, que quiso postularse como rival de Putin y fue asesinado a balazos en 2015. Nikolay Glushkov, también disintió del régimen y falleció por causas aún sin esclarecer en 2018.

Y así una larga nómina que llega a nuestros días. En ellos la guerra de Ucrania no necesita demostración para saber la crueldad del sátrapa que luego en sus comparecencias públicas se transforma en persona normal. El clima comunista es así, la ocultación y la doble apariencia, la mentira, tras la muerte de la verdad que no existe, el terrorismo organizado, la miseria y la muerte.

Mientras tanto en España gritan: ¡que viene el fascismo! O «el fascismo ya está a las puertas del Congreso», como decía la egabrense Carmen Calvo, por VOX. Pues es el arma del miedo junto a la mentira, la más socorrida por este tipo de gente. Jamás nadie dijo: que viene el comunismo.

Porque ya está aquí desde que fue asesinada la verdad con el atentado del 11-M, hace 18 años. Hasta esa fecha resistió la izquierda con la ETA que estuvo siempre alimentando, pero viendo que estaba derrotada policialmente, y como España iba bien, pues a la chusma roja le iba mal, y ya no se aguantaba más y por eso decidieron reventar los trenes.

La izquierda sin la revolución constante no es nadie, y de ella vive. Y si alcanza el poder, como ahora, no se cansa de robar y ejercer la soberbia y el adoctrinamiento de la juventud. Al ser enemiga de la Paz, ya vemos lo que puede dar de sí.

Toda esta patulea que desde el periodismo, y la política, la justicia y la calle, hostigan a la verdad hasta matarla, no necesita definición ante sus acciones. Por ellas los conoceréis. El robo (para M. Igualdad, 525 millones de euros), el chantaje y la depravación, (Gastos para puticlubs) como sentina de los mayores defectos humanos de su vida disoluta.

Viven instalados en un submundo delincuencial, creado a su imagen y semejanza, incapaces de ver la luz de la verdad; en una rara dimensión mafiosa del crimen organizado contra la que solo se puede luchar con métodos expeditivos.

Sería una lucha comparable a la que requiere Putin, para que deje de ser y actuar como un monstruo. Esta peligrosa gente monstruosa del hampa no entiende otro idioma.

Nos quedamos con Sócrates: «la verdad es deseable porque lleva al bien».

Fígaro ( El Correo de España )